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Madre de los Desaparecidos - Carta a ASFADDES

Martes 23 de noviembre de 2004, por Javier Giraldo M. , S.J.

Madre de los Desaparecidos

Carta a Asfaddes

Bogotá, julio 12 de 2001

Queridas familias agrupadas en ASFADDES:

En mi último viaje encontré este icono de la Virgen con el título de Madre de los Desaparecidos e hice sacar una copia para ustedes.

Sé que muchas familias dentro de ASFADDES se identifican como cristianas y otras no, pero creo que este símbolo va más allá de una identidad confesional.

Humanamente, nos transmite la imagen de una mujer que sufrió también la pérdida violenta de su hijo en la flor de la vida, sometido a persecución, detención, torturas y muerte, por parte de quienes quisieron matar en él la verdad, la justicia, la libertad, la solidaridad y la reivindicación de la vida de los oprimidos.

Pero en la tradición cristiana y católica la devoción a María tiene un trasfondo más profundo. Ha sido la manera espontánea como el pueblo creyente ha colocado a la mujer intensamente en el ámbito de lo divino, para contrarrestar la imagen de Dios predominante en la cultura occidental, como el Dios de la Ley y del Orden establecido, castigador y poderoso, masculino y patriarcal, que ciertamente no es la imagen más evangélica de Dios, pero sí es la que predomina en nuestro mundo cultural.

Creo que en el ámbito de las organizaciones de Derechos Humanos de Colombia ASFADDES ha jugado un papel muy similar al de María. En medio de todas las controversias, proyectos, propuestas y tareas legales y políticas, ASFADDES ha mantenido presente la dimensión humana y concreta de nuestros detenidos-desaparecidos, enarbolando el rostro concreto de las víctimas y la carga emocional de la tragedia, e impidiendo que esta realidad se deshumanice en frías elucubraciones jurídicas o negociaciones políticas.

Si en el mundo de lo religioso, la imagen de la realidad última y definitiva que bordea, como misterio, la existencia humana, no queda aceptablemente significada en lo masculino, lo legal, lo poderoso, lo racional, y exige el necesario complemento simbólico de lo femenino, lo espontáneo, “lo débil” o ajeno al poder, lo subversivo y lo emocional, también en el mundo de nuestras luchas históricas necesitamos la presencia de estas dimensiones para no deshumanizarnos.

Allí donde terminan las luchas por hacer aprobar leyes y decretos, que casi siempre son burlados y desconocidos en la práctica; allí donde terminan las componendas entre poderes, partidos y facciones; allí donde terminan los discursos enardecidos en que las víctimas son convertidas en cifras o en abstractos insumos informativos; allí queda siempre la cruda realidad de la víctima con su rostro y su humanidad concreta, con sus sueños, su historia y sus proyectos y la fuerza existencial invertida en ellos, en demanda de una justicia y una reparación que nunca llegan y que solo son reivindicadas desde el corazón.

En las manos de ustedes, familias de ASFADDES, está la bandera de la HUMANIDAD INTEGRAL de nuestras víctimas.

Hay momentos cruciales en la vida de los pueblos en que poderosos intereses presionan a las masas en favor de la estrategia del olvido y convocan a la negociación de la justicia. En Colombia ya estamos viviendo esto. Estoy seguro de que ustedes no cederán a la tentación de despojar a sus seres queridos del único derecho del que aún no han sido despojados: el derecho a la justicia.

Espero que este icono de la MADRE DE LOS DESAPARECIDOS, colocado en algún rincón de la oficina, les anime siempre a no dejar sepultar jamás las “razones del corazón”.

Con mi afecto y solidaridad de siempre,

Javier Giraldo Moreno, S.J.

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