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Lectura bíblica de un holocausto

Martes 26 de febrero de 2008, por Javier Giraldo M. , S.J.

Grupos, movimientos y comunidades solidarias de diversos países de Europa y de América del Norte nos acompañaron, a través de 25 delegados, en el ritual de la memoria y caminaron,con más de un centenar de pobladores de San José de Apartadó, 9 horas de ida y otras tantas de regreso, hasta la Serranía de Abi-be, para tocar la tierra ensangrentada; para mirar, sentir y asimilar el escenario del crimen; para ver “llorar al Río Mulatos”, como hermosamente lo expresó en una canción un grupo solidario de Italia; para reaccionar con el corazón y con los sentidos frente a lo que la humanidad no debería volver a tolerar nunca más.

Llegó el tercer aniversario de la masacre de las veredas Mulatos y La Resbalosa de San José de Apartadó, perpetrada por el ejército colombiano el 21 de febrero de 2005.

Nuevamente los recuerdos se despertaron e hicieron revivir el horror experimentado tres años antes.

Grupos, movimientos y comunidades solidarias de diversos países de Europa y de América del Norte nos acompañaron, a través de 25 delegados, en el ritual de la memoria y caminaron,con más de un centenar de pobladores de San José de Apartadó, 9 horas de ida y otras tantas de regreso, hasta la Serranía de Abibe, para tocar la tierra ensangrentada; para mirar, sentir y asimilar el escenario del crimen; para ver “llorar al Río Mulatos”, como hermosamente lo expresó en una canción un grupo solidario de Italia; para reaccionar con el corazón y con los sentidos frente a lo que la humanidad no debería volver a tolerar nunca más.

A medida que los hechos toman nuevas dimensiones con el paso del tiempo y van revelando su sentido trascendente, echamos mano, desde la razón y desde la fe, de instrumentos de lectura que nos ayuden a profundizar en lo que nunca acabaremos de entender. Este año, la Eucaristía de Mulatos, celebrada a la misma hora en que Luis Eduardo Guerra fue masacrado con su compañera Bellanira y su hijo Deiner Andrés, tomó como texto de reflexión fundamental los poemas del Servidor Sufriente del profeta Isaías .

En diversas ocasiones, los recuerdos que guardaba de Luis Eduardo, profundizados por el impacto de su muerte cruel, me hicieron pensar en la figura del Servidor Sufriente , dibujada con tanto realismo por el profeta Isaías, que los primeros cristianos leyeron sobre ese telón de fondo la misma pasión de Jesús. Esa misma figura sirvió a Pablo de Tarso para enfrentarse con sus correligionarios judíos en las sinagogas del Mediterráneo, tratando de probarles que el “Mesías” soñado por los profetas hebreos no era un detentador de poder sino una víctima del poder.

Quise, pues, volver a leer la vida y la muerte de Luis Eduardo a la luz de los poemas del Servidor Sufriente , pero el resultado fue que terminé leyendo los poemas del Servidor Sufriente a la luz de la vida y de la muerte de Luis Eduardo. Lo sorprendente es que sólo tuve que cambiar unas pocas palabras o expresiones, y quizás más que cambiarlas fue traducirlas al lenguaje corriente de hoy, para que Isaías terminara describiendo, desde hace siglos, la vida y la muerte de Luis Eduardo.

Vale la pena compartir esa lectura con quienes seguramente siguieron con el corazón, desde muchos países del mundo y desde muchos rincones de Colombia, la Eucaristía del tercer aniversario:

Vida y muerte de Luis Eduardo

a la luz de los poemas sobre el servidor sufriente

del profeta Isaías –

 

 1. Poema del capítulo 42 de Isaías : (Is. 42, 1-7)

 

Dice Dios:

“les presento a mi servidor

cuya vida me agrada y me complace.

Su mente está siempre ocupada en descubrir caminos de justicia.

No es arrogante ni le gusta pronunciar grandes discursos.

Está siempre atento a los restos de vida que la violencia ha dejado,

para protegerlos;

por eso no deja quebrar la caña que ya está rota

ni apagar le mecha que todavía echa un poco de humo.

A mi servidor no lo desaniman los fracasos;

su meta es lograr un mundo justo

y no desfallece en los difíciles caminos para aproximarse a él.

Yo que soy la energía original de este universo

lo modelé para que transmitiera a sus hermanos

lo más hondo de mi propia energía;

para que le abra los ojos a los que no quieren ver;

para que saque de las prisiones

a los que se han acostumbrado a no ser libres;

para que ayude a descubrir la luz a los que han amado las tinieblas.”

 

 2. Poema del capítulo 50 de Isaías : (Is. 50, 4-9)

 El servidor se expresa así:

“El Señor me ha regalado energías y palabras

para animar a los que están cansados y sin esperanza.

Cada mañana trato de escuchar esa voz que habla en mi interior

y hago esfuerzos por convertirme en un discípulo

de Aquel que me habla detrás de esa voz.

El Señor mantiene mis oidos abiertos

y yo no he opuesto resistencia; no me he echado para atrás.

He ofrecido mis espaldas a los que me golpean

y no le he escondido mi cara a los que me humillan y me insultan.

La energía de la resistencia me viene de mi Señor;

esa energía me ha ayudado a soportar grandes afrentas

y mi rostro se ha vuelto como de piedra dura

para mostrarme firme en mis convicciones.

Cada día estoy más seguro de lo que defiendo

y convencido de que nunca quedaré defraudado,

pues me siento cerca del que es la fuente de la justicia;

por eso digo: ¿quién podrá litigar conmigo?

Me siento fuerte para desafiar a cualquiera que quiera demandarme.

Estoy seguro de que todos los que podrían condenarme

terminarán desgastados

como la ropa carcomida por la polilla.

Si el Señor, que es la energía original de este universo, está conmigo,

¿quién me puede condenar?”

 

 3. Poema del capítulo 53 de Isaías : (Is. 53, 1-12)

 El pueblo se expresa así:

“Ha sucedido algo increíble.

Nunca nos imaginamos que la fuerza del Señor

se manifestara de esa manera.

Este hombre creció como un retoño

cuyas raíces se hundieron en tierra seca;

no llamó la atención de nadie, pues no tenía atractivos de ninguna especie;

perteneció a las capas de los despreciados

y conoció el sufrimiento desde su primera infancia.

Cuando el desprecio y el sufrimiento se ensañaron en él

y lo llevaron hasta el extremo de la humillación,

encontramos su cuerpo en forma tan repugnante

que tuvimos que mirar para otro lado y taparnos las narices.

Pero luego reflexionamos y pensamos:

¡ si eran nuestros mismos sufrimientos los que él cargaba ¡

¡ si eran nuestros mismos dolores los que lo oprimían !

Llegamos a pensar que él era víctima de una maldición divina,

pero ahora vemos que aquello que lo destruyó

fue el mismo pecado del que todos somos víctimas.

Fue triturado por la iniquidad que envuelve a nuestra sociedad.

Nunca hemos querido unirnos y organizarnos;

cada uno de nosotros anda como una oveja descarriada,

siguiendo su propio camino.

Nuestro error se ha mostrado en su sufrimiento.

Cuando era perseguido no se defendía a sí mismo

ni usaba ningún tipo de violencia;

fue llevado al suplicio como un cordero que es llevado al matadero.

Lo detuvieron en forma violenta y en la soledad de las montañas.

Nadie pudo ocuparse de su defensa.

Fue arrancado con crueldad de la tierra de los vivos.

Sus victimarios quisieron que su tumba fuera la de los desechables,

dejando su cuerpo como pasto de los animales salvajes

y de las aves de carroña.

El que tuvo una vida íntegra y honesta

fue presentado ante la sociedad como un delincuente.

Sin embargo, su vida destrozada nos sacude y nos despierta;

nos devuelve a la vida.

En sus heridas curamos nuestras heridas.

Sus sufrimientos revelan que la justicia está de nuestro lado.

Él soportó el peso de la maldad que nos oprime,

por eso su descendencia espiritual crece sin cesar.

El Señor le ha concedido que muchos se conviertan en sus hijos

precisamente porque se entregó indefenso a la muerte

para mostrarnos que los valores que portaba no podían morir jamás.”

 

 4. Del poema del capítulo 52 de Isaías : (Is. 52, 13-15)

 El Señor Dios habla así de su servidor:

 “Mi servidor prosperará; su imagen se elevará y será sublime.

Los que se horrorizaron al verlo desfigurado,

a tal punto que ya no parecía un ser humano,

ahora se llenan de asombro ante su memoria.

Los poderosos se quedarán sin palabras,

pues ha sucedido aquello en lo que nunca creyeron;

lo que nunca imaginaron, se volvió realidad.”

 

 Palabra del Señor en sus profetas.

 II

 Un segundo momento de nuestra Eucaristía tuvo lugar en La Resbalosa, al medio día del 21 de febrero, a la misma hora en que el ejército colombiano había masacrado con extrema crueldad a la familia de Alfonso Bolívar Tuberquia, incluyendo a su esposa Sandra, a su hija Natalia, de 5 años, y a su hijo Santiago, de 18 meses, siendo todos atrozmente desmembrados. La rústica capilla construida por la Comunidad de Paz sobre las dos pequeñas fosas que albergaron por unas horas sus cuerpos despedazados, nos congregó nuevamente a todos los peregrinos nacionales e internacionales, para meditar y orar, en este tercer aniversario, sobre el sitio en que se perpetraron crímenes tan horrendos. Un pasaje del Libro de la Sabiduría, donde se confronta la apuesta existencial de los perversos con la apuesta existencial de las personas rectas, nos sirvió de texto de meditación que también compartimos:

 

La apuesta existencial del justo y la del malvado.

Del libro de la Sabiduría

[1, 13 – 3,9]

 

“Dios no creó la muerte

ni siente ningún placer cuando un ser vivo es destruido.

Lo que Él creó, lo creó para que viviera

y las creaturas que pueblan nuestro mundo

no llevan en su interior ningún veneno de exterminio

sino más bien fuerzas de vida y de salud.

 

La justicia nunca es tocada por la muerte.

Es la injusticia la que atrae la muerte.

Son los injustos los que llaman a la Muerte con gestos y gritos;

la consideran su amiga y hacen pactos con ella

y ella a su vez los convierte en esclavos suyos.

 

Los malvados se dicen unos a otros:

nuestra vida es corta y triste; se acaba pronto y no hay remedio;

no sabemos de nadie que se salve de ese abismo final.

Nacimos por pura casualidad

y al desaparecer es como si nunca hubiéramos existido.

Nuestra respiración es como humo

y nuestro pensar es apenas como una chispa del corazón.

Apenas muramos, no seremos más que ceniza,

pues el espíritu se disuelve en el aire.

Lo que hagamos en la vida no tiene ningún valor

y nadie se acordará de eso.

Así como los rayos del sol disuelven las huellas de las nubes,

asi pasará nuestra vida sin dejar ningún rastro.

La vida es sólo una sombra que pasa;

una vez que la muerte ponga el sello final, nadie regresa a la vida.

Por eso debemos gozar apresuradamente de lo que tenemos.

Llenémonos de vinos y de perfumes;

aprovechemos las flores antes de que se marchiten;

organicemos orgías

y dejemos huellas de nuestro placer por todas partes.

 

Abusemos de los justos y de los pobres y también de las viudas;

no respetemos a los ancianos;

que la única norma que respetemos sea nuestro poder y nuestra fuerza;

sabemos que lo débil no sirve para nada.

 

Por encima de todo persigamos al justo

pues nos resulta incómodo e insoportable

porque se opone a nuestra manera de obrar y de ser;

su sola existencia es una crítica permanente

a nuestra manera de pensar y a nuestro estilo de vida,

pues su vida en nada se parece a la nuestra;

nos considera repugnantes

y se aparta de nuestro camino como si apestara;

afirma que el justo logra ser feliz practicando la justicia

y se gloría de tener como padre a quien hizo este mundo.

 

Pongámoslo a prueba a ver si lo que dice es cierto.

Sometámoslo a ultrajes y a tormentos;

condenémoslo a una muerte cruel.

Si está en lo cierto, Dios lo librará de nuestras manos.

 

Así razonan los malvados

pues su perversidad los ha enceguecido.

No son capaces de razonar más allá de la superficie

y por ello no valoran la rectitud de la vida

ni creen en la felicidad de las almas intachables.

 

Las vidas de los justos están en las manos de Dios

y ningún tormento puede destruirlas.

Sólo a los ojos de los estúpidos ellos son destruidos

y su muerte considerada como una desgracia,

pero ellos gozan de paz.

Los insensatos creen que fueron castigados

pero su esperanza estaba arraigada en una dimensión de la vida

que no es vulnerable a la muerte.

Si sufrieron durante unos momentos

su gozo fue superior a sus penas.

Hagan de cuenta que el Señor los probó,

como se prueba el oro en el fuego,

y los encontró de gran calidad.

 

Cuando se descorra el velo

de los valores más preciosos que encierra nuestro mundo,

ellos serán como una chispa que incendia una montaña de paja.

Su vida se convertirá en un criterio

para juzgar el comportamiento de los humanos en la historia.

Los justos exterminados serán, pues, nuestros jueces”.

 Palabra de Dios a través de la sabiduría de sus santos

 

Plegaria desde La Resbalosa

 Congregados alrededor de este sitio

que albergó los cuerpos despedazados de hermanos nuestros

elevamos nuestros sentimientos y plegarias

a Ti, Señor de la Vida y de la Historia,

conscientes de que ninguna palabra

puede expresar cabalmente lo que sentimos;

de que ninguna explicación coherente

podría hacer comprensibles los hechos perpetrados

y de que ningún esfuerzo amortiguante

podría borrar las huellas o sanar las heridas

que dejó el derroche de barbarie

que aquí fue consumado.

 

Esta hermosa naturaleza

que tu bondad nos regaló para expandir la Vida

fue violada y execrada.

La sangre de tu pueblo fue derramada sin piedad.

Cuerpos de niños y adultos fueron desmembrados

en orgías que rindieron tributo a las fuerzas de la Muerte y del Mal.

Se quiso castigar con saña todo esfuerzo de paz con justicia;

se quiso disuadir toda búsqueda de solidaridad

que no se hipotecara de antemano a los poderes que nos rigen.

 

Hemos peregrinado para no olvidar.

Hemos peregrinado para impedir

que el paso del tiempo desdibuje las imágenes

de lo que nunca más debemos tolerar;

hemos peregrinado para seguir rescatando del olvido

las vidas y la energía de quienes soñaron con un mundo más humano

y se comprometieron en su búsqueda y en su construcción.

Hemos peregrinado con la convicción

de que quienes fueron compañeros de camino

en la construcción de esta Comunidad de Paz

y entregaron sus vidas en esa búsqueda,

permanecen a nuestro lado como una fuerza que nos arrastra

hacia una defensa cada vez más insobornable de la Vida.

 

Desde esta montaña donde los poderes de muerte que nos rigen

hicieron un festín de sevicia y de barbarie,

invocamos tu bendición, Señor de la Vida.

Bendice la memoria

de nuestros hermanos y hermanas aquí sacrificados.

Bendice sus vidas que ingresaron ya en el misterio de tu amor eterno.

Bendice a sus familias

que siguen cultivando esta tierra regada con su sangre.

Bendice a los que, desafiando la barbarie,

siguen en la ruta de la paz con justicia,

construyendo humildemente una comunidad solidaria

que no se doblegue ante ninguna imposición de dominio y opresión.

Ayúdanos a seguir nuestra marcha

a la sombra de la cruz,

único umbral donde se comprende

que la Vida no puede ser vencida por la Muerte

ni el Amor vencido por el Odio

ni la Verdad vencida por la Mentira

ni la Humildad vencida por el Poder.

Te lo pedimos desde la memoria viviente de Jesús,

El Crucificado y el Resucitado,

a cuya memoria asociamos la memoria de nuestros hermanos

y quien desde esa vida nueva que ya no es vulnerable a la muerte,

continúa acompañándonos con su palabra y su fuerza

en nuestro arduo peregrinar.

Amén

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