Desde los márgenes

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El "NUNCA MÁS" como movimiento social.

septiembre de 1998, por Javier Giraldo M. , S.J.


Jorge Riechmann, en un anexo de la obra escrita conjuntamente con Francisco Fernández Buey,
Redes que dan Libertad [1] presenta una valiosa cronología relativa a los movimientos sociales entre 1945 y 1989. Escoge como punto de partida el año 45 justamente porque en él se dan hechos fundamentales que abren la era nuclear (estreno de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, 1945); la fase fordista del capitalismo (conferencias de Yalta y Potsdam en 1945, precedidas de la de Breton Woods 1944); la conciencia de un derecho y solidaridad internacionales (nacimiento de la ONU y de la Liga Arabe en 1945, de la OEA en 1948 y Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948); intensificación de la lucha emancipatoria (derrocamiento de la monarquía en Grecia (1947-49) y guerra anticolonialista de Indochina (1949-54)); el inicio de la Guerra Fría (1947- 91); el asesinato de Gandhi en 1948 que destaca e impulsa los movimientos de No Violencia Activa. En fin, en esa impresionante cronología de medio siglo van apareciendo hechos chocantes de impacto internacional, así como reacciones colectivas que se van estructurando en verdaderos movimientos sociales . Allí se asiste al nacimiento y desarrollo de los movimientos ecologistas; del tercermundismo; de la lucha anti-racista por los derechos civiles; de los movimientos emancipatorios anti-colonialistas; de los movimientos anti-armamentistas que contestan el alineamiento del mundo en pactos militares; de los movimientos feministas; de los que reivindican la libertad de preferencias sexuales; de los movimientos estudiantiles anti-autoritarios y anti-jerárquicos; de los movimientos indigenistas; de los movimientos por la defensa de los derechos humanos fundamentales.

Mucho ha explorado la sociología sobre el origen y las características de los movimientos sociales. La misma obra citada de Riechmann y Fernández Buey trata de sistematizar los diversos marcos teóricos que se han ensayado:

* Los sociólogos clásicos los enfocaron como formas de comportamiento colectivo, ya surgidas de una cierta interacción simbólica que canaliza el intercambio creativo e innovador como respuesta a las formas más institucionalizadas y convencionales de comportamiento social, ya como originadas en el las tensiones que crea el desarrollo desigual de subsistemas dentro de un sistema social (Funcionalismo), que ocurren a espaldas de los individuos pero afectándolos y obligándolos a tomar posición.

* Otro modelo de análisis se basó en la privación relativa, cuando las movilizaciones se explican por la frustración de lo que la sociedad ofrece frente a las expectativas creadas o las necesidades apremiantes. Tal enfoque podía explicar movimientos originados en capas sociales desposeídas, pero no los surgidos en capas medias o relativamente privilegiadas. Se complementó entonces esta explicación con la de la elección racional, según la cual, lo que motiva a participar en movimientos sociales es la esperanza de conseguir beneficios privados. Mancur Olson sustentó este análisis en un modelo que resume la "racionalidad" de los movimientos sociales en el cálculo de "costo/beneficio": se participa en ellos en la medida en que los beneficios que se espera alcanzar sean superiores al costo. Tal modelo no explica el compromiso con solidaridades de grupo o beneficios comunes.

* Otros sociólogos han recurrido a la teoría explicativa por la movilización de recursos: importando poco si la adhesión a un movimiento social es "racional" o "irracional", este análisis se centra más en la manera como los movimientos sociales son eficaces, ya por la vinculación de activistas, o por la captación de recursos financieros, o por el desarrollo de conocimientos etc., o sea en una racionalidad estratégico instrumental.

* Los modelos anteriores no fueron muy aptos para explicar los movimientos sociales que revelaban más racionalidad y donde causas, objetivos, movilización y acción estaban más articulados. Sobre todo en los análisis posteriores al Mayo-68, cuando el movimiento social acusa más racionalidad (nace en universidades) y menor utilitarismo (se apoya en capas sociales medias o altas), surgen enfoques que acentúan el ideario y los valores subyacentes. Se analizan entonces los movimientos sociales como sujetos históricos que tienen que ver con transformaciones fundamentales de sociedades industriales avanzadas y se relieva la diferencia entre los "nuevos" movimientos sociales y los "viejos" (movimiento obrero de la sociedad industrial clásica).

* Un análisis que articula el de movilización de recursos con el de sujetos históricos, es el enfoque de redes, que considera los movimientos sociales como manifestaciones de redes socio espaciales latentes, cuyo elemento aglutinador son las comunidades de valores , redes que pueden subsistir por grandes períodos y activarse en coyunturas favorables a la movilización. Otros sociólogos se han inspirado en la sociología del conocimiento de la Escuela de Francfort para analizar los movimientos sociales como formas de actividad mediante las cuales las personas crean nuevos tipos de identidades sociales, como procesos de "praxis cognitiva" o como momentos de creación colectiva que proveen a las sociedades de ideas, identidades e ideales. Para este último grupo, un movimiento social organizado actúa como fuerza estructuradora que abre espacios a la interacción creativa entre individuos, y luego ese espacio se socializa como "espacio público" de articulación de intereses que puede afectar a la totalidad de la sociedad.

* La definición que da Joachim Raschke de los movimientos sociales es la que en la obra de Riechmann tiene mayor aceptación: "movimiento social es un agente colectivo movilizador, que persigue el objetivo de provocar, impedir o anular un cambio social fundamental, obrando para ello con cierta continuidad, un alto nivel de integración simbólica y un nivel bajo de especificación de roles, y valiéndose de formas de acción y organización variables" [2]

Los elementos de la definición anterior son explicados a grandes rasgos así: * como agentes colectivos, los movimientos sociales no son unitarios sino altamente pluralistas, heterogéneos y atravesados por corrientes, tendencias y formas de acción diversas; pero el movimiento es "más" que las organizaciones y tendencias que agrupa; * en cuanto movilizador, el movimiento social se aleja de lo institucional y se puede decir que para existir tiene que permanecer en movimiento; * al buscar provocar, impedir o anular un cambio social, el movimiento social está referido a la transformación o conservación de estructuras relevantes, aunque no necesariamente a una subversión total del sistema social; uno de sus aspectos esenciales es la "identificación/construcción del Otro" (adversario, no teórico, sino actor social real) frente al cual se afirma, así como la selección de niveles y contextos en los cuales luchará contra él; * su continuidad permite diferenciarlo de episodios colectivos pasajeros; * su alto nivel de integración simbólica implica, como parte esencial del movimiento, una constante creación de identidad colectiva, lo que lo distingue de un grupo de presión; * el grado bajo de especificación de roles lo distingue de las organizaciones formales (militancias) referidas al poder y se origina en su marcada tendencia anti-institucional.

Es también una característica de los movimientos sociales su temporalidad, aunque compleja: puede terminar disolviéndose, o institucionalizándose, o convirtiéndose en una organización (partido) o en otro movimiento social, o entrar en largas fases de latencia. Para algunos los movimientos sociales serían "cíclicos", lo que no es muy convincente, pero sí tienen un cierto carácter coyuntural.

Al inventariar tipologías de movimientos sociales, Riechmann advierte que hay muchos criterios de diferenciación: hay movimientos adscriptivos (cuyos miembros potenciales se definen a priori: mujeres, minorías étnicas, homosexuales, etc) y movimientos inclusivos (de los que cualquiera puede ser miembro); unos ofensivos y otros defensivos ; unos progresivos , otros regresivos y otros escapistas ; unos violentos y otros no violentos . Se pueden diferenciar por la contradicción estructural que los origina: capital/trabajo (movimiento obrero); hombre/mujer (movimiento feminista); industrialismo/preservación de la biosfera (movimiento ecológico), aunque tales contradicciones por sí solas no generan movimientos si no concurren otros factores. Se pueden diferenciar por la fase histórica que los contextúa: hay movimientos característicos de la fase preindustrial (movimientos de carácter burgués), de la fase industrial (de tendencia burocrática), de la fase postindustrial (según proyectos, de estructuras laxas). También se pueden diferenciar según los subsistemas sociales que tratan de afectar y de acuerdo con sus estrategias básicas: el subsistema socioeconómico o político (movimientos con orientación de poder), el subsistema sociocultural (movimientos con orientación cultural). Pueden darse también submovimientos dentro de un movimiento (movimiento obrero comunista, anarquista, cristiano, socialdemócrata).

Los llamados NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES, posteriores al Mayo-68, tienen, a juicio de Riechmann, características especiales: si algo tienen en común es su horizonte de lucha por la supervivencia y la emancipación ("humanidad libre y justa sobre una tierra habitable"); la mayoría se concentran en los problemas de la reproducción social, aunque no son ajenos a los problemas de la producción social; no se definen solo a partir de un "humanismo negativo" (delimitación frente a lo inhumano), sino que también son portadores de imágenes alternativas de sociedad; predomina en ellos una acrecentada reflexividad de sus procesos de formación de identidad, lo que deja en segundo plano la racionalidad económica y el pensamiento puramente instrumental, centrándose a veces en acciones expresivas como ritual que fortalece la identidad de los activistas; esto ha llevado a algunos a definirlos como "menos instrumentalistas que expresivos", o a pensar que "solo se ven compensados por la experiencia que en ellos se vive y por la conciencia de su misión" (lo que podría calificarse, negativamente como un "narcisismo alternativo", o positivamente como una superación de la mentalidad sacrificial y expiatoria). También estos Nuevos Movimientos Sociales se hallan en un punto intermedio entre movimientos con orientación de poder y movimientos de orientación cultural: conscientes de que cualquier estrategia de cambio social profundo presupone una intervención estatal, su tendencia más fuerte es a devolver poder a la sociedad civil en lugar de concentrarlo en el Estado. También se caracterizan por una marcada tendencia antimodernista: desconfían de la razón técnico-instrumental o de los procesos de industrialización, centralización, institucionalización, secularización, profesionalización, democratización representativa y diferenciación funcional, características todas de una modernidad a la que se concibe preñada de inmenso potencial de destrucción, sufrimiento e injusticia. Tienen estos movimientos una composición social heterogénea, en la cual predominan profesionales de servicios sociales y culturales. Combinan objetivos y estrategias de acción muy diferenciados: enfoques globales con acciones locales. Finalmente se caracterizan por estructuras organizativas descentralizadas y antijerárquicas, por la politización de lo cotidiano y lo privado, y por métodos de acción no convencionales, con fuertes elementos expresivos, lúdicos y simbólicos ("estetización de la protesta").

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Alain Touraine, sociólogo francés que ha hecho del estudio de los movimientos sociales uno de los ejes de su sociología y que se inscribe dentro del tipo de análisis que ve en dichos movimientos sujetos históricos, constructores de los modelos históricos de sociedad, aporta elementos importantes para el discernimiento de un movimiento social:

* Ante todo, para Touraine, "la sociedad se produce a sí misma"; no hay que recurrir a garantes meta-sociales para explicarla (como la divina providencia, el poder, el mercado y sus leyes); las representaciones y orientaciones interactúan con otros factores sin necesidad de buscar una causa primera. Y esa capacidad de conjugar el orden de sus representaciones con el orden de sus actividades; esa capacidad simbólica que le permite a la sociedad construir un sistema de conocimientos y de instrumentos técnicos para intervenir en su propio funcionamiento; esa capacidad de modificar sus fines y de producir y destruir su propio orden, como "sistema abierto", es lo que Turaine llama "la historicidad" o "producción de la sociedad por sí misma". La historicidad se configura mediante la interacción de modelos activos referidos a la producción económica, al ejercicio del conocimiento, a la representación que la sociedad hace de su propia actividad autogeneradora (lo cultural). Por eso un SISTEMA DE ACCION HISTORICA es el conjunto de elementos que se interrelacionan conflictualmente dando razón de un modelo histórico de sociedad. Para Touraine solo tiene carácter de movimiento social "la acción conflictual de agentes de clases sociales que luchan por el control del Sistema de Acción Histórica" [3]. Así, Touraine distingue los movimientos sociales de las luchas sociales que afectan otros niveles de la estrcutura social: el nivel institucional (los sistemas de control de una sociedad) o el nivel organizacional (conjuntos sociales donde se aplican normas y sanciones concretas, funcionalizadas al Sistema de Acción Histórica).

* Touraine precisa que un movimiento social se define por la combinación de tres elementos: * un principio de identidad que permite discernir quién es el actor o sujeto del movimiento, el cual se identifica siempre dentro de un conflicto consciente, y tal conflicto debe referirse al mismo Sistema de Acción Histórica y no solo a sus sistemas de control o a sus unidades organizativas; * un principio de oposición que permite definir al adversario, el cual también debe estar inscrito en un conflicto que toca la orientación general del Sistema de Acción Histórica; * y un principio de totalidad que es el mismo Sistema de Acción Histórica cuyo dominio se disputan el actor y el adversario [4].

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Teniendo como telón de fondo los elementos teóricos que nos permiten discernir la identidad y características de un movimiento social, es el momento de recoger los rasgos del NUNCA MÁS.

Estas dos palabras simbolizan un conjunto de acciones, propuestas, luchas y proyectos, dispersos en muy diversos campos, que tienen en común la lucha contra la impunidad de los crímenes de lesa humanidad .

En septiembre de 1984 la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas, creada por el decreto 187 del 15 de diciembre de 1983 del gobierno de Argentina y presidida por el escritor Ernesto Sabato, hizo público su informe final con el título "Nunca más" [5]. Un año después, al concluir el juicio a los generales argentinos de las juntas militares de gobierno, por la Corte Federal, el Fiscal Strassera concluía su intervención final con estas palabras: "quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria; quiero utilizar una frase que no me pertenece porque pertenece ya al pueblo. Señores jueces: NUNCA MÁS!".

En enero de 1985 el Consejo Mundial de Iglesias y la Arquidiócesis de Sâo Paulo publicaban el libro "Brasil: Nunca Mais" [6], que recogía la síntesis del trabajo de un grupo de estudio que había examinado 707 procesos completos de la Justicia Militar Brasileira, entre 1964 y 1979, referidos a crímenes de lesa humanidad. Dos años antes, el 26 de septiembre de 1983, se había constituido como entidad jurídica civil el grupo "Tortura Nunca Mais", cuyo fin era la denuncia y el esclarecimiento de cualquier crimen contra la persona humana y asumir una postura firme contra la impunidad.

En febrero de 1989 el Servicio Paz y Justicia de Uruguay hacía público el informe "Uruguay Nunca Más" [7], que hacía el recuento y análisis del Terrorismo de Estado en Uruguay. Al explicitar, en su introducción, sus motivaciones, se afirmaba: "más allá de un elemental reclamo de justicia por parte de las víctimas, está la obligación de impedir por todos los medios que vuelva a suceder lo que nos ocurrió ... ¿Cómo medir ese desastre eco-social? Es difícil cuantificar en estadísticas la profundidad de las lastimaduras en el alma del pueblo uruguayo. Las llagas abiertas, la infección dejada en el cuerpo social, en la identidad del pueblo uruguayo, solo se podrá sanar si para el diagnóstico se accede a la verdad ... La impunidad nos impide recuperar cosas esenciales que se han perdido en los años sombríos. Es un muro insalvable para recuperar verdades sobre acontecimientos muy graves e importantes de la historia nacional. Y este impedimento, esta traba es generadora de severísimos trastornos psicosociales de efectos imprevisibles para el futuro ... La angustiosa pregunta de ¿por qué? ante el sufrimiento al que no se le encuentra sentido, queda sin respuesta. Y esa no-respuesta hace a una generación, especialmente a la más joven, que se ignore a sí misma y que se mueva con una conciencia a-histórica en lo que respecta a elementos esenciales para conformar su propia identidad. Porque la identidad implica preguntarse y responder de manera más o menos permanente quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos. Y para responder se necesita el mapa de la geografía social y política, se necesita una historia conocida, se necesitan los "por qué". Para ello se necesita saber lo que sucedió, cómo se actuó durante ese período histórico, cómo se resistió, cómo se avasalló, cómo se vulneraron los derechos, cómo se procuró y se procura salir de esa pesadilla ... Rescatar esa historia es aprender una lección, sacar conclusiones para mirar con los ojos sin vergüenza hacia el futuro".

En mayo de 1990 el Comité de Iglesias del Paraguay hacía público el informe, en 3 volúmenes, "Nunca Más" [8], sobre la dictadura de Stroessner y los Derechos Humanos. En su presentación explicitaba así su objetivo: "no para reabrir heridas que se fueron cicatrizando o que aún permanecen abiertas, sino para que la memoria colectiva no sucumba tan fácilmente ante el olvido, y con la esperanza de que el pueblo no vuelva a permitir el reinado del terror, que lo mantuvo paralizado y mutilado durante décadas".

En mayo de 1993 La Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia hizo público el informe "Nunca Más para Bolivia" [9], que recoge la memoria "de los negros acontecimientos acaecidos durante el período de los gobiernos militares". Su introducción explicita varios móviles: "quiere ser, no lo negamos, una interpelación a las Fuerzas Armadas de la Nación, pero desde la perspectiva leal de la defensa intransigente de los derechos humanos y que aquí en concreto significa la defensa de la dignidad del pueblo boliviano en su integralidad ... hemos querido expresar que no se equivocaron al resistir. La Historia los tiene y los tendrá presentes ... Es importante restañar heridas del pasado, pero también dar garantías plenas de un "NUNCA MAS"".

El 24 de abril de 1998 la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala presentaba públicamente los 4 volúmenes del informe "Guatemala Nunca Más" [10], elaborado desde 1994 como Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica -REMHI-". En su contratapa se lee: "Cada historia es un recorrido de mucho sufrimiento, pero también de grandes deseos de vivir. Mucha gente se acercó para contar su caso y decir: "Créanme". Esta demanda implícita está ligada al reconocimiento de la injusticia de los hechos y a la reivindicación de las víctimas y sus familiares como personas, cuya dignidad trató de ser arrebatada. Aclarar y explicar -dentro de lo posible- lo ocurrido, sin focalizar el daño ni estigmatizar a las víctimas, constituyen las bases para un proceso de reconstrucción social. Solo así la memoria cumple su papel como instrumento para rescatar la identidad colectiva". En la Presentación se añade: "el trabajo de búsqueda de la verdad no termina con la elaboración de un informe, sino que tiene que volver a donde nació y apoyar, mediante la producción de materiales, ceremonias y otros, el papel de la memoria como un instrumento de reconstrucción social ... Que los hechos sean recordados de forma compartida y expresados en rituales y monumentos; que la devolución ayude a explicar y aclarar lo ocurrido dentro de lo posible, extrayendo lecciones y conclusiones para el presente; la devolución no debe llevar a recrear el horror o estigmatizar a las víctimas, sino que debe hacer hincapié en los aspectos positivos para la dignidad de las víctimas y la identidad colectiva".

Otros procesos podrían inscribirse en esta secuencia, aunque con algunos vacíos: la instauración de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación en Chile (Decr. 335 del 25 de abril de 1990) y su Informe Final en 3 volúmenes en marzo de 1991; la Comisión de la Verdad en El Salvador (1992-93) y su informe "De la Locura a la Esperanza" (1993); el establecimiento de la Comisión Nacional de Verdad y Justicia en Haití (marzo 1995); La Comisión de Investigación creada en el Chad en 1991-92; la Comisión de la Verdad creada en Sudáfrica (1993); la Comisión de Investigación sobre la Evaluación de la Historia de la Dictadura y sus Consecuencias en Alemania Oriental (1992), así como el trabajo de comisiones similares en Uganda, Etiopía, Rwanda y Filipinas.

Las palabras NUNCA MÁS, escogidas para sintetizar/simbolizar procesos de amplia repercusión social en muchos países, procesos que se ubican en puntos de articulación entre un pasado profundamente repudiable y un futuro que no se quiere aceptar en cuanto condicionado por las consecuencias de ese pasado, que hacen referencia primaria a la IMPUNIDAD que pretende cubrir ese pasado, impunidad que se descompone en el ocultamiento de la verdad, en la exclusión de los culpables del derecho sancionatorio y en la permanencia implícita de los destrozos morales y sociales causados por los crímenes, revelan, pues, los rasgos de un movimiento social que toca puntos neurálgicos del Sistema de Acción Histórica.

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Hacer referencia a las situaciones que desencadenan u originan los movimientos "Nunca Más" en los diversos países, implica inventariar modelos políticos de corte autoritario o dictatorial que se identifican en el Terrorismo de Estado, pero cuyo despotismo no constituye solamente un mecanismo de control o de represión de diversas aspiraciones al poder, sino de implantación de modelos de acumulación económica altamente discriminatoria y dependiente y de modelos de información y comunicación altamente excluyentes y manipuladores. En otros términos, esos modelos de Estado donde se violaron los derechos civiles y políticos mediante métodos de terror que destruyeron profundamente los tejidos sociales y desconocieron la más elemental dignidad humana, recurrieron a esos métodos para reprimir alternativas a las estructuras económico políticas de acumulación, puestas en cuestión por quienes reivindicaban derechos económicos y sociales fundamentales e incursionaban en los movimientos políticos de oposición para cuestionar el modelo global.

El momento preciso de generación de los movimientos Nunca Más se da en las coyunturas de cambio de modelo, de un Terrorismo de Estado hacia un "restablecimiento institucional" o hacia una "recuperación de la democracia" o hacia "aperturas democráticas", pero censurando la memoria del pasado (olvido) y dejando impunes a los victimarios ("perdón") y sin reparación a las víctimas. Tales momentos-gozne que articulan el pasado con el presente mediante el mecanismo de la impunidad, son legitimados ordinariamente con el discurso de "perdón y olvido", discurso que tiene amplias posibilidades de manipulación ideológica para encubrir las características reales del nuevo modelo de sociedad que se implanta y para desactivar la lucha de los actores sociales.

De allí la necesidad de clarificar muy bien los principios de oposición, de identidad y de totalidad de que habla Turaine.

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Clarificar el principio de OPOSICION es tomar conciencia del modelo de sociedad al cual el Nunca Más se opone. Es, ante todo, la sociedad sin memoria de su pasado reciente; una sociedad donde recordar o investigar el pasado está "prohibido", no en los códigos penales sino por consensos sociales de "no volver a despertar al monstruo de la violencia" que solo "duerme", pero que si se le molesta puede hacer revivir las dictaduras, los campos de concentración, las cámaras de tortura, las censuras de prensa, los genocidios, las rachas de desapariciones y el terror. Es una sociedad hipotecada al miedo de algo que no ha sido erradicado ni socialmente estigmatizado y que sobrevive como mecanismo subconsciente de control de la nueva situación. Es una sociedad que debe cauterizar la memoria de las víctimas, inconscientemente asociadas, como "culpables", a la violencia del pasado, mecanismo que sirve para conjurar efectivamente sus proyectos históricos, sus utopías y sus sueños, y evitar que estos vuelvan a cuestionar el modelo de sociedad vigente. Es una sociedad donde la justicia puede tener períodos de "receso" cuando sus principios la fuercen a procesar masivamente a los agentes del Estado. Es una sociedad cuyas únicas alternativas de futuro hay que buscarlas y construirlas dentro de los cauces marcados por los victimarios, jamás dentro los cauces inspirados por las víctimas. En último término, es una sociedad que, desde un estatuto de impunidad institucionalizado, que actúa como mecanismo inconsciente pero efectivo de control psico-social, controla también los subsistemas económico, social y cultural, para que no se aparten de los modelos diseñados por los victimarios.

Esa sociedad a la cual los movimientos Nunca Más se oponen, es la sociedad que pretende hacer la transición entre el terror y la democracia dejando intactos los sistemas que sirvieron al terror: la fuerza pública, el sistema judicial, la formas de "libertad de prensa", las instituciones del poder político.

Si bien en ese modelo de sociedad que encarna el principio de oposición, los movimientos Nunca Más privilegian ciertos nodos como blancos de su lucha: el sistema de administración de justicia; las censuras a la memoria y los procesos culturales de estigmatización de las víctimas, las legislaciones represivas etc., sin embargo, los postulados más profundos de su lucha tienden puentes hacia movimientos sociales más amplios que se identifican en los objetivos de supervivencia y emancipación, pero brindándoles también a éstos análisis concretos sobre campos y mecanismos que también amenazan de otras formas la supervivencia y la emancipación humanas.

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Clarificar el principio de IDENTIDAD es ubicar el movimiento Nunca Más como ACTOR social e histórico que actúa dentro de un conflicto. El punto de partida del conflicto es ciertamente el sistema de administración de justicia, dentro del cual la impunidad asume revestimientos institucionales y legales. Por eso el campo de lo jurídico o de lo semi-jurídico enmarca muchas luchas de los movimientos Nunca Más: las campañas por las derogatorias de leyes de amnistía o indultos para los victimarios; el impulso a procesos penales; enjuiciamientos ejemplares de grandes responsables; el impulso a instrumentos legales internacionales y sus ratificaciones internas y aplicaciones; las campañas por el ejercicio de una Jurisdicción Universal; por los tribunales internacionales; por las comisiones extrajudiciales de verdad; por las formas de indemnización y rehabilitación de las víctimas y por las reparaciones morales; la organización de tribunales de opinión, etc.

Los fracasos y trampas de muchos de estos mecanismos, van modelando un actor social que pone en cuestión las estructuras mismas de la justicia institucional y se pregunta por el papel que cumple la justicia dentro de la estructura social global: su rol como mecanismo de control social; los condicionamientos que ejerce sobre ella el conjunto del sistema; los valores sociales a los cuales debería servir y su papel dentro de una sociedad alternativa. Van apareciendo entonces los valores a los que la justicia debería servir y las posibilidades de promoverlos dejando entre paréntesis la "justicia" institucionalizada: el valor de la verdad; el valor de mecanismos sancionatorios y reconciliatorios mediante los cuales una sociedad pueda conjurar lo que la destruye; el valor de la reparación o de poder reconstruir lo destruido, no solo en sus aspectos cuantificables sino en sus valores más profundos: tejidos sociales, dignidad humana, estabilidad moral. En esta fase el movimiento Nunca Más trasciende las luchas condicionadas por lo institucional, sin abandonarlas, pero se empieza a identificar con valores que se proyectan a sociedades alternativas. Aquí adquiere gran sentido la lucha, como sociedad civil, por la recuperación de la verdad; por implementar formas creativas de sanciones sociales; por reconstruir moralmente comunidades y personas en el mismo accionar del movimiento.

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Clarificar el principio de TOTALIDAD del movimiento Nunca Más es descubrir los mecanismos que articulan el campo específico de la impunidad con otros subsistemas del Sistema de Acción Histórica. La impunidad de agentes que desde las estructuras del poder practicaron el terror, desconocieron la dignidad humana de millares de semejantes, arrasaron organizaciones reivindicativas y humanitarias y destruyeron con saña propuestas alternativas de convivencia, es a todas luces un mecanismo de salvaguarda y protección de ese tipo de poder y una clara estrategia para su supervivencia. Pero un tipo tal de poder solo es compatible con una falta de consenso social que lo sustente o, en otros términos, con una ausencia de democracia participativa. Y la ausencia de democracia participativa solo es compatible con estructuras excluyentes y discriminatorias del acceso a los recursos económicos; con estructuras de concentración de riqueza y de acaparamiento de los recursos naturales. A su vez tales estructuras excluyentes que postulan un poder político fuerte, represivo y violento, postulan también sistemas de información manipulables que permitan ocultar grandes verdades. Un tal Sistema de Acción Histórica necesita de altas dosis de encubrimiento y de manipulación de discursos, pero no logra ocultar la incoherencia del discurso con el funcionamiento real de todos sus subsistemas. El movimiento Nunca Más puede ir accediendo, paulatinamente, al descubrimiento de todas estas incoherencias, en la medida de la profundización y radicalización de sus luchas, hasta descubrirse como verdadero ACTOR HISTORICO, que se disputa con un ADVERSARIO, el campo mismo de la HISTORICIDAD.

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Ciertamente el Movimiento Nunca Más no es un movimiento estructurado. Tiene, como se ha visto, todos los rasgos de un movimiento y características de los Nuevos Movimientos Sociales posteriores al 68, pero hasta ahora es un conjunto de proyectos, iniciativas, acciones dispersas, articuladas eso sí por valores y búsquedas comunes, aunque compartidas en diversos niveles de profundidad por los diversos actores.

Riechmann en su citado libro, al hablar de la composición social de los movimientos, dice que puede distinguirse entre su grupo de soporte primario y su grupo de resonancia. El primero estaría formado por activistas de la fase constitutiva, que imprimen en buena medida las orientaciones básicas; el segundo estaría formado por los simpatizantes. En el Nunca Más podrían identificarse como grupos de soporte primario las organizaciones de familiares de víctimas, los centros sociales o estructuras religiosas que han realizado los proyectos de investigación, de recuperación de memoria histórica o sistematización de información sobre los crímenes y sus contextos, los grupos de derechos humanos y de juristas que han organizado las campañas por la derogación de leyes de amnistía en favor de los victimarios o promovido la acción de la justicia y las comisiones de la verdad, así como simposios internacionales contra la impunidad. Los grupos de resonancia son más difíciles de identificar, pues son sectores sociales muy amplios. En la medida en que la problemática que da origen a los movimientos Nunca Más y el campo mismo de su lucha y acciones están referidos a una crisis de civilización y a una verdadera crisis de humanidad, en esa medida los movimientos Nunca Más tienen el más alto grado de inclusividad (todos los "humanos" estarían convocados a participar) y de hecho convocan a sectores sociales con sensibilidad humanitaria y con alta conciencia de los valores éticos. En este sentido no es un movimiento que seleccione participantes por intereses específicos, sino todo lo contrario.

Su nivel organizativo no es posible referirlo en esta fase al movimiento como tal sino a los diversos proyectos e iniciativas que se inscriben dentro de él. Los grupos de familiares de víctimas tienen diversos niveles de organización, siendo ejemplar la constancia de las Madres de Plaza de Mayo, que han perseverado ya más de 20 años con sus rondas de todos los jueves, algo que impacta e impresiona vivamente al mundo entero. Muchas actividades se canalizan a través de las estructuras organizativas de los organismos no gubernamentales de derechos humanos a través del mundo y otras a través de las iglesias. Esta gran diversidad de estructuras e instancias que canalizan su acción es una de sus grandes fortalezas.

Siendo un movimiento en cuyo interior coexisten diversos grados de comprensión y de análisis, las actividades que en él pueden inscribirse tienen una gran variedad: unas se circunscriben al mundo de lo jurídico/legal, ya en el interior de los diversos países, ya a nivel internacional: campañas contra leyes de amnistía e indulto para los victimarios; impulso a procesos penales para los victimarios; trabajo en favor del mejoramiento de los instrumentos jurídicos internacionales de protección de la dignidad humana y de erradicación de la impunidad de los violadores de los derechos humanos, o presión para la adopción de esos instrumentos en el orden jurídico interno; denuncias formales de crímenes de lesa humanidad a nivel nacional e internacional. Otras se inscriben en la búsqueda de mecanismos alternativos o que miran a preparar, impulsar y presionar las acciones legales: comisiones extrajudiciales de Verdad; tribunales de opinión; publicaciones de enjuiciamiento y sanción moral a los victimarios. Otras se inscriben en el campo de la recuperación de la dignidad de las víctimas: ceremonias, publicaciones, monumentos, videos, aniversarios, dignificación de restos y monumentos funerarios etc. Otras se inscriben en la rehabilitación y reparación moral y social de personas o comunidades victimizadas, como atención psicológica, reconstrucción de tejidos sociales, refundación de organizaciones o proyectos destruidos por el terror, recuperación moral de líderes, etc. Otras se inscriben en la salvaguarda de la memoria histórica que concierne tanto a las víctimas y a sus proyectos como a las formas de represión, de resistencia y de impunidad.

El movimiento Nunca Más busca articular en el presente una reconciliación no falseada entre pasado y futuro, entre historia y utopía. Trabaja por rescatar la memoria y la verdad en los límites más extremos de lo inhumano, para desde allí tratar de salvar para el futuro lo más esencialmente humano, creando condiciones para que lo inhumano no se repita jamás y para que el futuro no esté hipotecado a las dimensiones y orientaciones determinadas por quienes dieron el más impresionante testimonio histórico de anti-humanidad.

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Javier Giraldo, S. J.
Septiembre de 1998


[1# Riechmann, Jorge y Fernández Buey Francisco, "Redes que dan Libertad", Paidós, Barcelona, 1995, pg. 203 y ss.

[2# Raschke, Joachim, "Soziale Bewegungen -Ein historische-systematischer Grundriss", Campus Verlag, Francfort/Nueva York, 1985, citado por Riechmann, o.c. pg.48

[3# Touraine, Alain, "Production de la Société", Editions du Seuil, Paris, 1973, pg. 347.

[4# Touraine, Alain, o.c. pg. 360 ss.

[5# "Nunca Más - Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas", Eudeba, Buenos Aires, 1987 (15 edic.)

[6# "Brasil: Nunca Mais", Vozes, Petrópolis, 1987

[7# "Uruguay Nunca Más", Servicio Paz y Justicia, Montevideo, 1989

[8# "Nunca Más - La Dictadura de Stroessner y los Derechos Humanos", Comité de Iglesias para Ayudas de Emergencia, Asunción, 1990.

[9# Aguiló, Federico, "Nunca Más para Bolivia", APDHB - IESE - UMSS, Cochabamba, 1993

[10# Arzobispado de Guatemala, Oficina de Derechos Humanos, "Guatemala Nunca Más", Guatemala, 1998

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