Desde los márgenes

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Los U’was por el derecho a no ser vendidos

noviembre de 1997, por Javier Giraldo M. , S.J.

"Casa Roja tiene espíritu; es el espíritu de la unidad." Así lo dijo Berito, el Cacique Mayor de los U’was, con aire de profeta antiguo, mientras me explicaba lo esencial de su lucha, rodeado por los suyos, en aquel conjunto de rústicas edificaciones donde los u’was a veces se reúnen en El Chuscal (Cubará, Boyacá), conocido familiarmente como "Casa Roja".

Fue hermosa la experiencia de acompañar a los u’was en la asamblea de fin de agosto (1997) en Casa Roja. Fue el encuentro con una etnia que, a pesar de más de 500 años de asedio, no ha sido destruida y conserva aún fuerzas espirituales para defender lo que ya ni siquiera cabe en la mente de las mayorías latinoamericanas: el derecho a no ser vendidos.

Fue el encuentro con una etnia que conserva con orgullo sus rasgos físicos, hermosos e inconfundibles; su lengua; sus autoridades tradicionales; no pocas de sus costumbres y ritos ancestrales y alguna parte del territorio que fue de sus mayores, del cual ahora se les quiere despojar mediante métodos que, en definitiva, son tan destructivos como el desalojo violento o el genocidio, pero que aparecen revestidos con ropajes de "progreso" y de "desarrollo".

Fue aquella asamblea una hermosa experiencia de democracia, que envidiaría cualquiera de nuestras estructuras políticas, sociales o académicas. Cada cual, hombre o mujer, joven, adulto o anciano, tiene derecho a su palabra, escuchada y ponderada sagradamente por los demás. En el centro de todo están los intereses comunitarios y étnicos, iluminados por una tradición de siglos donde el hombre y la naturaleza; Dios y el hombre; lo sagrado y lo profano; lo económico y lo cultural; lo individual y lo social, forman una unidad sagrada.

Desde nuestra cultura escindida y compartimentada es difícil entenderlos. Hay, sin embargo, en su lucha y en el lenguaje primitivo en que se expresa, interpelaciones tan profundas que nos hacen descubrir cuánto nos hemos alejado de lo elementalmente justo y de lo elementalmente verdadero; con cuántos ropajes sofisticados hemos disfrazado la injusticia y la muerte; cuántos saltos irreversibles hemos dado en el camino de nuestra destrucción.

nombre que quedó asociado a la experiencia dolorosa de la conquista y de la colonia, con todas sus connotaciones de atropello a su identidad y a sus derechos.

Hace unos años recuperaron su nombre primitivo, lo que no solo los volvió a su tradición más ancestral sino que marcó también su lucha por la recuperación de su identidad y de su autonomía, desarrollada en los años 80, lucha que incluso los enfrentó con misioneros que habían dedicado a ellos su vida, dentro de los esquemas de la época, en que la evangelización no respetó del mejor modo culturas ancestrales ni buscó inculturar en ellas el Evangelio. Pasados esos años de confrontación, que llevaron también a muchos misioneros a reconocer errores y a pedir perdón por ellos, hoy se convive con una Iglesia que busca más servirles y estimular unos valores cristianos que se habían incorporado, durante varios siglos, a su tradición.

Su territorio ancestral cubría zonas de lo que hoy son los departamentos de Norte de Santander, Santander del Sur, Boyacá, Casanare y Arauca. Se extendía desde cerca de Pamplona, siguiendo hacia el occidente hasta la cuenca media del río Chicamocha, abarcando los municipios de Chinácota, Málaga, Oiba, Chima, Bucaramanga, Chiscas y Guicán; por el sur el municipio de Chita, las salinas de Chita y el páramo de Pisba; por el oriente Támara, Tame, Morcote, Fortul y Saravena, siguiendo por el piedemonte hasta la Sierra de Mérida en Venezuela. Era un territorio que medía aproximadamente 1.400.000 hectáreas. Hoy día no poseen más de 200.000 hectáreas, lo que equivale a un 14% de su territorio ancestral. Están reconocidas 22 comunidades u’was y organizados en 12 cabildos menores y un cabildo mayor. Su territorio tiene diversos reconocimientos jurídicos: comprende un Resguardo (Cobaría, Tegría, Bókota y Rinconada); una Reserva Especial Indígena (Tauretes y Aguablanca); un Territorio Indígena (tierras adjudicadas por Incora a indígenas), y tierras baldías ocupadas por indígenas. En marzo de 1993 los cabildos u’was solicitaron al Incora unificar y ampliar su territorio en un RESGUARDO UNICO U’WA. A pesar de que el estudio socio económico de viabilidad del resguardo, patrocinado por los gobernadores de los diversos departamentos implicados y realizado por el IDEADE, dio su visto bueno, el INCORA, de manera inexplicable, no toma aún la decisión.

Si se ha hablado de los u’was en los medios masivos de comunicación durante los últimos meses, ello se debe a su enfrentamiento con la empresa multinacional Occidental Oil and Gas Corporation, abreviadamente conocida como la OXY, filial de la Occidental Petroleum Corporation , y con los estamentos del Estado colombiano que secundan los intereses de dicha multinacional.

El territorio u’wa, según se dice, posee ricos yacimientos de hidrocarburos. Por ello la mencionada multinacional gestionó y obtuvo una licencia del Gobierno colombiano para explorar dicho territorio con miras a la explotación de los recursos de su subsuelo. Las protestas del pueblo u’wa, de la Organización Nacional Indígena de Colombia -ONIC- y de muchas organizaciones solidarias, llevaron a la Defensoría del Pueblo a ejercer el derecho de tutela en nombre del pueblo u’wa, pues la comunidad no había sido consultada, como lo exigen el artículo 330 de la Constitución Nacional y el artículo 15 de la Ley 21 de 1991, mediante la cual se incorporó a la legislación interna el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, adoptado por la OIT en 1989. Pero a pesar de que el Tribunal Superior de Cundinamarca y la Corte Constitucional conceptuaron que dicha consulta no se había producido, lo que hacía ilegal la licencia ambiental otorgada a la OXY por el Ministerio del Medio Ambiente, el Consejo de Estado se negó a suspender tal licencia y en marzo de 1997 la dejó en firme al definir, en su fallo, que la consulta había sido ya realizada.

Pero más allá del conflicto jurídico, la confrontación u’was - Oxy/Estado tiene dimensiones demasiado profundas que ponen en cuestión pilares muy básicos de nuestros modelos de sociedad, de "desarrollo" y de "civilización".


Dejando a un lado el desencuentro de lenguajes, sobre el cual volveré luego, se revelan aquí dos tipos de relaciones Hombre /Naturaleza diametralmente opuestos.

La Oxy, empresa transnacional moderna, se preocupa por satisfacer una demanda mundial de sustancias energéticas, en una carrera competitiva con otras empresas similares. Participar en dicha carrera, en que tiempos y espacios son factores decisivos de su eficacia, le ha exigido acumular capitales, tecnología, ciencia y poder, para responder a sus fines, estrategias y metas. Esa extenuante carrera le ha exigido al mismo tiempo convertir todo lo demás en medios que deben someterse a los mencionados fines. Llegar a considerar algún otro factor de su acción como "fin-en-si-mismo" entrabaría radicalmente los engranajes de la empresa, sus jerarquías de valores, su competitividad en el mercado internacional, su eficiencia empresarial ... su ser mismo.

La tierra, o mejor, los territorios, con su connotación de soportes de las especies biológicas que los habitan y de las complejas y ricas relaciones que se traban entre territorio y especies, lo que hace de cada territorio un santuario específico de la Vida, solo cuenta, para las multinacionales, como un factor de producción y rentabilidad; esencialmente como medio, que no tiene valor en sí mismo, sino el valor que le confiere el fin al cual es sometido: aportar combustibles fósiles, de manera lucrativa, para capitales transnacionales. En otros términos, la tierra, para las multinacionales, es un factor intercambiable, sin valor-en-sí-mismo, sino con un valor /precio que se mide por su rentabilidad.

Pero la Oxy es una empresa moderna y lo moderno tiene carta prioritaria de ciudadanía, desde hace muchas décadas o siglos, en nuestro modelo de "civilización". La acción de "modernizar" tiene un valor prioritario, a-críticamente aceptado.

¿Qué es lo "moderno"? ¿Qué es la "modernidad"?

Para el lenguaje coloquial, lo "moderno" es lo que implica tecnologías, usos o gustos de reciente data y que tiene la connotación de "progreso". Etimológicamente viene del latín "modernus", adjetivo que se origina, a su vez, en el adverbio "modo", que significa período corto de tiempo, mirado hacia atrás o hacia adelante: recién, recientemente, hace un momento, dentro de un momento, enseguida; adverbio utilizado también, en forma repetitiva, para referirse a variaciones intempestivas de la acción: "modo palliati, modo togati"(Cicerón) = tan pronto usan el palio y tan pronto la toga. La esencia del modernismo es, pues, un cortoplacismo, mirado retrospectiva, proyectiva o sucesivamente.

Entendido a la luz de su misma etimología, el modernismo implica, ante todo, una dinámica de aceleración, y toda aceleración implica, a su vez, concentración y marginación. Se concentran factores tecnológicos y procesos económicos (acumulación), con el fin de llegar, en cortos períodos, a una meta propuesta. Al concentrar tecnologías y capitales, otros numerosos factores y valores tienen, necesariamente, que quedar por fuera. Países y capas sociales quedan necesariamente por fuera de los circuitos activados de intensificación y aceleración "modernas". Este es el costo de la modernización.

La importancia cada vez mayor de la técnica o de la tecnología, termina marginando aquellas dimensiones humanas que se expresan prioritariamente en la Ética y en la Religión: la dimensión del "para qué"; la dimensión del sentido; la dimensión del crecimiento en humanidad; la dimensión de los valores-en-sí, no intercambiables, de los seres.

La epistemología empresarial, hija legítima del modernismo, se fue agotando en el conocimiento técnico y en la verdad verificable de la "eficacia mercantil". Desterró de su ámbito las otras verdades y se alejó conscientemente del mundo de los valores, los que relegó al ámbito de lo "subjetivo-individual", cuidando de que tal dimensión no volviera a reivindicar derechos de injerencia en los procesos sociales. Aún más: ha ido convirtiendo en meramente "técnicos" (no éticos) los problemas relativos a la misma finalidad, reduciéndolos al pragmatismo.

Dentro de esta cosmovisión, se entiende perfectamente que se gasten centenares de miles de millones de dólares en enviar artefactos exploradores a la Luna o a Marte, mientras millones de seres humanos mueren de hambre. Se entiende perfectamente que se agoten en pocos años las sustancias energéticas fósiles, dejando las necesidades creadas artificialmente sin soluciones de futuro. Se entiende que el 80% de la población mundial vaya quedando marginada del estándar de vida aceptable que el proceso moderno de aceleración /acumulación ha logrado conquistar para el restante 20% de los humanos.

Para la mentalidad moderna, atrincherarse en la defensa de un valor no comerciable del territorio, es algo tan desfasado y contrario a la "civilización", que bien merece cualquier forma de represión que neutralice tan "absurdas pretensiones". No otra tesis se destilaba del programa radial "Desafíos", de R. C. N., que el periodista Plinio Apuleyo Mendoza dedicó al conflicto U’was - Oxy a comienzos del año, acudiendo finalmente a la tesis /comodín que reemplaza habitualmente su falta de argumentos: "es la guerrilla la que está detrás del conflicto".

La defensa que hacen los u’was de otro valor del territorio, concebido integralmente sin excluir el subsuelo; de su valor-en-sí; de su valor integral que los incluye a ellos con su historia, sus ancestros y sus espíritus como parte integrante del mismo; la defensa de su valor sagrado, no comerciable, nos pone de manifiesto el desencuentro radical entre las cosmovisiones que sustentan su posición y la de la Oxy. No existe plataforma común que permita un diálogo. Se trata de cosmovisiones absolutamente incompatibles.

En el caso concreto de los efectos anti-ecológicos de la explotación del petróleo, un personaje al abrigo de toda sospecha, el Dr. Guillermo Perry Rubio, ex Ministro de Minas y Energía, ex Ministro de Hacienda y asesor de no pocas multinacionales, señala en su libro Política petrolera: economía y medio ambiente (1992) los peligros que para el medio ambiente implican, tanto la exploración, como la explotación y el transporte de los hidrocarburos: [1]

    * Exploración: Para una concesión de 100.000 hectáreas, el contratista descapota una superficie de 36 líneas de 3 metros de ancho, separadas por intervalos de 1 kilómetro. A lo largo de cada línea sísmica, a intervalos de 100 metros, se detonan 20 libras de explosivos localizados en cavidades de 20 metros de profundidad. El efecto ambiental incluye la erosión e incremento de la carga de sedimento en los cuerpos de agua superficiales, así como la contaminación debida a residuos líquidos y sólidos generados por los trabajadores de las compañías exploradoras. Las detonaciones producen en la vida de los pobladores, así como en la flora y fauna existentes alteraciones drásticas. De 200.000 kilómetros. de líneas sísmicas trazadas en el país en los últimos 20 años, solo se han ejecutado estudios ambientales en el 2%. Para la perforación de cada pozo exploratorio se descapotan de 2 a 5 hectáreas y se alteran entre 10 y 15 hectáreas como consecuencia de la tala de árboles, además de las que se talan para el aterrizaje de helicópteros. La perforación genera una serie de residuos (lodos) que por lo general contienen metales pesados y otros productos tóxicos y el agua de la formación presenta de ordinario altas temperaturas y algunos de los residuos arcillosos de los pozos presentan características radioactivas. El uso, en la perforación, de tenso-activos, detergentes, anticorrosivos, bactericidas, aumenta los residuos tóxicos. El Monóxido y dióxido de carbono, así como el óxido de nitrógeno y azufre, emitidos en las actividades de perforación, tiene efectos nocivos en la salud de los trabajadores y en la vegetación circumvecina. La quema del petróleo residual genera compuestos como el 3,4 benzopireno, que es cancerígeno y tiende a bioacumularse en la cadena alimenticia. Los residuos oleosos en piscinas cercanas a los pozos genera la contaminación de las aguas subterráneas. La evaporación de los compuestos volátiles del petróleo son altamente tóxicos para la salud.

    * Producción: Si no se separa por procesos físico químicos la emulsión de agua /aceite, el agua de formación que se descarga al medio ambiente (altamente deteriorante del medio ambiente por sus altas temperaturas y su alto nivel de cloruros, sulfatos, metales pesados, fenol y compuestos orgánicos tóxicos) supera en cantidad los hidrocarburos (En Caño Limón, por 200.000 barriles de crudo se descargan 220.000 barriles de agua de formación a las corrientes aledañas). Esto altera las condiciones físico químicas de las corrientes y el equilibrio biótico. El mantenimiento de los pozos exige procesos de acidificación, mediante químicos, ácidos fuertes y combustibles, generando cada acidificación de un pozo 8.400 galones de residuos tóxicos. Si se utiliza la técnica de recuperación "mejorada secundaria" para obtener un mayor porcentaje de hidrocarburos, esto implica inyecciones de agua adicionada con biocidas, floculantes, anticorrosivos, tenso-activos y removedores de carbonato de calcio; luego de dos años, tales aguas (altamente contaminantes) comienzan a ser extraídas junto con el petróleo. Si la recuperación de los pozos se hace con la técnica "terciaria", implica generación de vapor, lo que disminuye el recurso hídrico superficial de la zona.

    * El Transporte del petróleo implica construcción de vías y oleoductos, lo que promueve talas de bosques, desplazamientos de poblaciones nativas, destrucción de ecosistemas, erosión, derrame de sedimentos, contaminación de aguas superficiales, además de los derrames de petróleo.

No manejan los u’was esta finura técnica para describir los desastres que les esperan si la Oxy logra sus objetivos, pero sí los advierten desde su cosmovisión y en su lenguaje, como traumatismos profundos que se causan en el territorio, el cual se vengará implacablemente con castigos sobre el pueblo u’wa. Es otra manera de decir lo mismo desde su sabiduría ancestral.

Sociológicamente tampoco es difícil visualizar el proceso destructor que se seguiría si la Oxy inicia sus exploraciones. Ese territorio virgen de los u’was comenzará a ser surcado por camiones y buldózeres que abrirán vías de penetración, a través de las cuales llegarán enormes maquinarias. Detrás de éstas afluirán, atraídos por la posibilidad de un salario aceptable o privilegiado, contingentes humanos trashumantes, moldeados por décadas de relaciones obrero /patronales temporales, desarraigadas de tierras, comunidades y familias y acostumbradas a las prácticas compensatorias del alcohol, la prostitución y los juegos de azar. La población u’wa se verá forzosamente invadida por otra cultura, aquella confeccionada por los capitales migratorios, donde los múltiples desarraigos no solo extinguen progresivamente los valores ligados al territorio, a la comunidad, a la familia, a los ancestros, sino que llevan a identificar la propia dignidad humana con un valor-de-cambio mercancía que la persona, como simple "fuerza de trabajo" o "factor de producción" adquiere frente a la empresa por la cual subsiste.

No habría, entonces, que amenazar, como lo han hecho los u’was, con un suicidio colectivo, pues el etnocidio sería un proceso incruento, sutil e irreversible.

El conflicto entre los u’was y la Oxy pone de manifiesto, de manera patética, la lógica y los efectos perversos de la modernización: concentrar energía en unos circuitos que se aceleran para llegar rápidamente a una meta, desentendiéndose de los destrozos causados en todos los demás circuitos cuya energía es robada para mantener la aceleración de los primeros.

El desarrollo de la Ecología está desvelando progresivamente lo absurdo de esta dinámica. Está haciendo llamados para que la naturaleza no sea reducida a un simple medio dentro de la voracidad rentista de los capitales; para que se respete su carácter de valor-en-sí, que no puede ser destruido sin llevarse consigo profundas dimensiones de lo humano.

II LENGUAJE Y DOMINACION
lo digital y lo icónico
lo lógico y lo analógico
la ciencia y la sabiduría

El lenguaje con que los u’was defienden sus derechos y se enfrentan a la multinacional y al Estado, está lejos de ser un lenguaje "moderno", "científico" o "convincente", no solo para sus adversarios sino también para grandes capas de nuestra sociedad. Sus categorías, sus nodos argumentativos, la cosmovisión que asoma tras los mismos, revelan un pensamiento mítico que nuestra cultura dominante cree haber superado hace mucho tiempo como "no válido", "no funcional" o "históricamente desfasado".

Y en efecto, el lenguaje de todos los poderes; el lenguaje de las instancias del capital; el lenguaje de los mass media y el lenguaje imperante en todas sus órbitas de influencia, está ya muy lejos del lenguaje de los u’was, o al menos del de sus autoridades tradicionales, en el que la tierra, los ríos, las viviendas, el bosque y aún el petróleo, escondido a miles de metros de profundidad, parecen tener alma y dialogar, a través de una acción amigable, displicente o punitiva, con los humanos.

Los estadios más primitivos del lenguaje fueron ciertamente icónicos, en los que la distancia entre el signo y lo significado era mínima, a veces casi inexistente como en la mímica.

En la medida en que el lenguaje "progresó", se fue separando de la imagen (Icono) y la relación entre el signo y lo significado fue siendo regulada por convenciones arbitrarias. En esa misma medida el lenguaje se fue volviendo digital (convencional y escrito, manejable con dedos y teclados).

Pero incluso la digitalidad ha ido avanzando, hasta separarse más radicalmente del lenguaje oral, como se ve en las codificaciones cada vez más complejas de la Informática, en que la información es reducida a un juego de cuantificaciones, cuyo átomo elemental llega a ser la presencia o ausencia de una señal y su representación digital /numérica, transmitida en un código que es procesado en circuitos electrónicos integrados. Así la realidad se va volatilizando en niveles cada vez más elevados de abstracción, y las distancias son cada vez más grandes entre el signo y la realidad que se significa (la realidad viviente).

Esto no quiere decir que el lenguaje icónico haya desaparecido. El teatro; los estudios sobre el lenguaje no verbal en sicología, etc., revelan su importancia e incluso el refinamiento logrado en ese campo. Pero en el mundo de las decisiones económico políticas -empresariales- domina el lenguaje digital, y éste es cada vez más elitista, no solo en la medida en que grandes masas quedan marginadas, en una educación convencional digitalizada, sino también en la medida en que una élite reducida de tecnócratas controla ese mundo virtual, abstracto, donde se toman las grandes decisiones, sostenidos por una pléyade de digitadores que dependen de sus programaciones (consumidores /usuarios de programas cuya estructura íntima se les escapa).

Aún sin llegar a los extremos de la digitalidad informática (dentro de la cual se manejan ciertamente los capitales multinacionales), el lenguaje digital tiene status dominante en nuestras sociedades, frente a las cuales no aparece incoherente su carácter elitista, ligado a su complejidad progresiva, en la medida en que las convenciones arbitrarias se multiplican, siendo accesibles a círculos cada vez más restringidos. Esto lo convierte en un lenguaje con enormes potencialidades de manipulación y de dominación.

El lenguaje digital es el más apropiado al mundo de lo "moderno", dado que su concentración en determinados circuitos para lograr metas de corto plazo le exige marginar los demás circuitos. Y ¿qué lenguaje más apropiado para esa marginación que aquel que excluye progresivamente a los que no son capaces de memorizar códigos cada vez más complejos que en nada se relacionan con las imágenes de sus vivencias?

Los u’was tienen su propia lengua que ni siquiera es escrita. Es de tradición oral. Existen gramáticas escritas por extraños que no las reconocen como auténticas. Poseen, pues, un lenguaje enormemente distante de lo digital, acorde con su cercanía de la naturaleza y con la inmediación de su comunicación. ¿Es esto un anti valor? Ciertamente no se ajustan a los parámetros comunicativos de nuestra sociedad dominante y dominada, pero representan quizás modelos más auténticos de comunicación, dentro de los cuales las dinámicas de la marginación y de la manipulación no penetran sino con violencia.

La analogía está en las raíces mismas de la poesía y de los infinitos relatos que conforman las sabidurías populares. Pero esto mismo ha llevado quizás a contraponerla a lo científico, adscribiéndola más bien a las "visiones poéticas de la realidad", entendiéndolas como "inútiles". Sin embargo, tanto la ciencia evolutiva como la ecología, han puesto en cuestión la cientificidad de las visiones compartimentadas del mundo y la de sus instrumentales de análisis.

Muchos científicos han descubierto, por ejemplo, esquemas similares entre la anatomía y la gramática: por sus estructuras relacionales, sus sistemas de comunicación y sus finalidades. Max Weber descubrió relaciones profundas entre "la ética protestante y el espíritu del capitalismo", a pesar de pertenecer a campos tan diferentes. El historiador alemán Erwin Panofsky descubrió similitudes insospechadas entre la arquitectura gótica y el pensamiento escolástico [2]

La epistemología evolutiva /ecológica ha ido mostrando que toda ciencia comienza detectando constantes codificables, y que entre esos códigos, muchos revelan semejanzas formales que se aplican -analógicamente- a constancias secuenciales de diversos órdenes de seres o procesos. Esta ciencia ha ido mostrando que existe una analogía básica entre los mecanismos que operan en cualquiera de los campos de la naturaleza. Y las hipótesis básicas de la epistemología evolutiva están ligadas a una proyección, en todos los planos del universo, de los mecanismos que ocurren en el organismo humano.

No tienen tampoco los u’was el refinamiento "científico" que les permita demostrarle a los técnicos de la Oxy la correspondencia formal codificable entre el papel que cumple el petróleo en las entrañas de la tierra y el que cumple la sangre en el interior del organismo humano, pero en lo que sí coincide la sabiduría ancestral de los u’was con la moderna epistemología evolutiva /ecológica, es en que la naturaleza es un gran organismo antropomórfico, en el cual se proyectan, en estados primordiales, los mismos códigos formales que en el hombre estructuran y defienden la vida, las sensaciones, el pensamiento y el amor.

El concepto de ciencia fue mucho más amplio en la antigüedad y hasta el Renacimiento. Los diversos saberes -concretos y abstractos; físicos, humanísticos y trascendentes- compartieron el mismo estatuto de ciencia y buscaron siempre su coordinación, al menos a través de ciertos tratados filosóficos que tenían ese cometido, como las cosmologías, las epistemologías y las ontologías. Pero en la medida en que el conocimiento se fue volviendo más interesado y fue confundiendo la verificabilidad con la eficacia-en-la-manipulación-de-lo-real al servicio de los "sabedores", comenzó a restringirse el concepto mismo de ciencia y fueron siendo expulsados de sus dominios todos los saberes no eficaces, no cuantificables y no manipulables. La "cientificidad" se reservó, entonces, para aquellos campos del saber que atrajeran el interés de quienes buscaban manipular la realidad eficazmente y ponerla al servicio de algún interés. La ciencia se volvió, entonces, cuantitativa, rentista, costosa, elitista y disgregada.

Incluso ciencias antes humanísticas, como la Sociología, para poder reclamar o mantener el estatuto científico, fueron cayendo en un saber cuantificable y pragmático y fueron abandonando los análisis de estructuras y sistemas en los que convergía antes todo lo humano, desde lo económico hasta lo teológico, en una búsqueda apasionante de armonías o de contradicciones.

Pero no solo se abandonó la tarea de coordinar los diversos saberes, como campo propio de la ciencia, sino que se la separó por completo de todo intento de coordinarse con el mundo de los valores: la ética, la religión, las ideologías, las utopías. La "ciencia" se fue ufanando progresivamente de su asepsia valorativa. Aún más, su moderno estatuto de identidad contempla una absoluta incontaminación con respecto al mundo de los valores, como ignorando que tal asepsia la vuelve más vulnerable a la ideología, en el sentido más peyorativo del término: en cuanto servicio clandestino, no transparente o "tramposo" a intereses dominantes o a anti valores.

Jean François Lyotard, al analizar la descomposición de la modernidad, se refiere así al "saber en las sociedades informatizadas":

    "El antiguo principio de que la adquisición del saber es indisociable de la formación del espíritu, e incluso de la persona, cae y caerá todavía más en desuso. Esa relación de los proveedores y de los usuarios del conocimiento con el saber tiende y tenderá cada vez más a revestir la forma que los productores y los consumidores de mercancías mantienen con estas últimas, es decir, la forma valor. El saber es y será producido para ser vendido, y es y será consumido para ser valorado en una nueva producción: en los dos casos, para ser cambiado. Deja de ser en sí mismo su propio fin, pierde su "valor de uso

"". [3]

No se puede negar que la especialización de las ciencias las haya vuelto más eficaces para el manejo del mundo. Pero igualmente claro es que el manejo "científico" del mundo lo ha deshumanizado: ha llevado al planeta a una catástrofe ecológica y a la humanidad a un summum de injusticia.

El genio de Jean Piaget, al intentar redefinir el estatuto epistemológico de la Filosofía, lo llevó a identificar como sus dos grandes tareas, justo aquellas que la "ciencia" había eliminado de su dominio: una síntesis razonada de saberes y una coordinación entre el mundo del conocimiento y el mundo de los valores. Este mismo había sido el campo propio de las tradiciones sapienciales. Por eso Piaget re-sitúa la Filosofía en el status de Sabiduría. [4]

Cuando chocan ciencia y sabiduría, como en el conflicto entre la Oxy y los U’was, hay que exigir al menos el respeto por otros saberes y un respeto sagrado por el mundo de los valores.

"la ley segunda"
legitimidad - legalidad

Desde que la confrontación entre la Oxy y los U’was se hizo explícita, quienes se han puesto del lado de los u’was han fundamentado su defensa en algunos artículos de la Constitución Nacional:

    * Según el Art. 63, las "tierras comunales de grupos étnicos" y las "tierras de resguardo", se consideran "inalienables, imprescriptibles e inembargables".

    * El Art. 286 considera los territorios indígenas como "entidades territoriales" y el Art. 287 señala, entre los derechos de las entidades territoriales, la "autonomía para la gestión de sus intereses"; "administrar los recursos y establecer los tributos necesarios para el cumplimiento de sus funciones" y "participar en las rentas nacionales".

    * El Art. 330, numeral 5, asigna, entre las funciones de las autoridades indígenas en sus territorios, "velar por la preservación de los recursos naturales". Este mismo artículo, en el Parágrafo, establece que: "la explotación de los recursos naturales en territorios indígenas se hará sin desmedro de la integridad cultural, social y económica de las comunidades indígenas. En las decisiones que se adopten respecto de dicha explotación, el Gobierno propiciará la participación de los representantes de las respectivas comunidades".

Estos mismos principios están refrendados en el Art. 15 de la Ley 21 de 1991, que ratificó el Convenio 169 de la O. I. T. sobre Pueblos Indígenas y Tribales.

Se supone, pues, que la Constitución establece un derecho sustantivo de las comunidades indígenas a la salvaguarda de su integridad cultural, social y económica, valor que está por encima de cualquier proyecto de explotación de recursos naturales, y que en caso de entrar en contradicción ambos valores, tiene prioridad el primero, o sea, la salvaguarda de la integridad cultural, social y económica de la comunidad indígena.

El problema se sitúa en los procedimientos. ¿Quién y cómo dirime el conflicto?

El mismo artículo 330 de la Constitución establece que para la toma de decisiones "el Gobierno propiciará la participación de los representantes de las respectivas comunidades".

La Dirección General de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior -DGAI- elaboró un MARCO DE REFERENCIA SOBRE EL PROCESO DE CONSULTA PREVIA, documento que contiene principios y procedimientos muy pertinentes y justos para el proceso de consulta, pero que tiene la gran carencia de no definir la toma de decisiones.

Con los u’was se inició ciertamente el proceso de consulta, pero luego de una primera reunión (enero 10 y 11 de 1995), la cual apenas significaba una precaria introducción al prolongado proceso previsto en el "Marco de Referencia" de la DGAI, el Gobierno, a través del Ministerio del Medio Ambiente, otorgó enseguida (febrero 3 de 1995) a la Oxy, la licencia ambiental (Resolución No. 110) para que iniciara las exploraciones sísmicas en el Bloque Samoré, que incluye el territorio u’wa.

Esto llevó a la Defensoría del Pueblo a instaurar una Acción de Tutela ante el Tribunal Superior de Cundinamarca (AT. 9799-A) en defensa de la integridad cultural, social y económica de la Comunidad U’wa, así como una Acción de Nulidad, ante el Consejo de Estado, de la Resolución 110 del Ministerio del Medio Ambiente. Tanto el Tribunal Superior de Cundinamarca como la Corte Constitucional tutelaron el derecho a la consulta previa, aceptando que no se había producido. Sin embargo, el Consejo de Estado, no solo se negó a atender la solicitud de suspensión previa de la Resolución 110 del Ministerio del Medio Ambiente, sino que el 4 de marzo de 1997 dejó en firme dicha Resolución, alegando que la consulta previa ya se había producido.

Nadie entiende cómo un principio constitucional tan claramente formulado, según el cual, en caso de incompatibilidad entre un plan de explotación de recursos naturales en un territorio indígena y la salvaguarda de la integridad cultural, social y económica de la comunidad indígena , tiene primacía este último valor sobre el primero (Art. 330 C. N., Parágrafo), pueda naufragar tan fácilmente en los vacíos o sinuosidades de sus reglamentaciones e interpretaciones.

Aún más: si nos atenemos al concepto de la DGAI del Ministerio del Interior, consta que tenían muy clara la incompatibilidad entre los valores enfrentados. Dicho concepto, emitido el 13 de septiembre de 1996, se explicita así:

    "La voluntad del pueblo u’wa ha sido unánime por parte de las autoridades tradicionales u’wa como negativa al ingreso y ejecución de este proyecto en su territorio, sea éste Resguardo, Reserva, Territorio no legalizado u ocupado. Esta negativa la sustentan en una cosmovisión contradictoria y excluyente con una posible explotación petrolera, la cual crearía desequilibrios naturales irrecuperables dentro de su manera de mirar e interpretar el mundo. Así mismo expresan rechazo a su vinculación como pueblo indígena a una forma de vida y a un proyecto industrializado de explotación petrolera, el cual alteraría y modificaría sus formas tradicionales económicas, sociales y culturales, así como su visión territorial (...) La DGAI conceptúa que (...) este proyecto podría afectar de manera irreparable la integridad étnica y cultural del pueblo indígena u’wa, dados su particular cosmovisión y sentido de causalidad, la no solución actual a su unidad territorial y su vulnerabilidad frente al contacto con la sociedad nacional y de forma aún más grave de contacto con el proyecto sísmico en mención, para el que fue expedida la licencia ambiental 110, del 3 de febrero de 1995, por el Ministerio del Medio Ambiente, para la Occidental de Colombia Inc."

Los derechos sustantivos naufragan, pues, en las manipulaciones procedimentales y políticas.

Pero el arma que ha esgrimido el Gobierno para abrir el territorio nacional a la exploración y explotación del subsuelo y de sus recursos naturales no renovables, en favor de empresas multinacionales, ha sido el Art. 332 de la Constitución Nacional, según el cual: "El Estado es propietario del subsuelo y de los recursos naturales no renovables, sin perjuicio de los derechos adquiridos y perfeccionados con arreglo a leyes preexistentes".

El origen de la legislación minera se remonta a la legislación de la metrópoli conquistadora y está marcada por el principio de la dominación colonial. Los reyes y emperadores, al conceder enajenaciones de tierras de sus dominios colonizados, se reservaron la propiedad sobre las minas, pues éstas escondían las riquezas que habían motivado la empresa de la conquista. Y al permitir la explotación de las minas [incluyendo, como reza la Recopilación de las Leyes de los Reinos de las Indias, de 1783, "cualquier otro fósil, ya sea de metales perfectos o medios minerales, bitúmenes o jugos de la tierra"] exigían el pago de los derechos del Rey ("regalía") sobre tales dominios. Por eso la REGALIA, en su misma etimología, conserva esa "marca de fábrica" del dominio colonial.

Los "derechos del Rey" sobre el subsuelo pasaron, en la legislación republicana, a los códigos mineros, ya no como "propiedad del Rey" sino "del Estado". Así lo decretó Simón Bolívar el 24 de octubre de 1829: "Las minas de cualquier clase corresponden a la República". Se supone que hubo allí una motivación nacionalista implícita y que la legitimación anterior de reyes y emperadores para reservarse la propiedad del subsuelo, que era realmente la de apropiarse de las riquezas de otros pueblos para enriquecerse ellos y sus reinos, ya no era válida, sino que se seguiría acudiendo a la misma fuente de riquezas pero en favor del "bien común", principio legitimante del nuevo Estado o "República" ("Cosa Pública").

El BIEN COMUN debería erigirse, entonces, como principio rector de toda norma, reconociendo, como lo hace la Constitución del 91, "la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana" (Art. 7).

En la práctica, sin embargo, ha sido profundamente cuestionada la manera como el Estado colombiano ejerce su derecho de dominio sobre el subsuelo y sobre los recursos naturales no renovables. No lo hace ciertamente con el criterio del "Bien Común". Y justamente las políticas de exploración y explotación del petróleo han merecido las más fuertes y persistentes acusaciones de anti-nacionalismo.

Hasta 1974 operaron los contratos de CONCESION, mediante los cuales el Estado le entregaba la explotación del petróleo a compañías extranjeras durante 30 años, a cambio de pequeños porcentajes de "Regalías" (entre el 2% y el 11%) y de revertir los pozos a la nación una vez concluidos los 30 años (cuando ordinariamente la mayoría estaban agotados). Después de 1974 se impuso la modalidad de los Contratos de ASOCIACION, que implican, en la práctica, privatizar o ceder la soberanía sobre el 50% del subsuelo explotable en favor de empresas multinacionales, "socias" de una empresa estatal, con el agravante de que, a tenor de dichos contratos, la nación debe comprarle a la multinacional el crudo que necesite para refinar a precio internacional, más un porcentaje de "fletes internacionales", que para el caso se constituyen en un recargo real por una operación ficticia.

El Dr. Gilberto Guzmán Celis presenta, en su libro: "Cusiana o la bonanza al revés" [5] el caso de Cusiana, que no puede ser más escandaloso:

Las reservas de Cusiana están calculadas, según el autor, quien toma como guía informaciones y precios de 1993, en 1.200 millones de barriles de petróleo. Según las normas de los Contratos de Asociación, el 20% de la producción debe destinarse a pago de Regalías y un 40% para cada uno de los "socios". Así, entonces, a la multinacional contratista le corresponderían 480 millones de barriles. Vendida tal candidad al Estado colombiano al precio internacional de 1993: US $ 22,oo por barril (incluyendo US$ 3,oo de "flete internacional" por barril), la multinacional recauda del Estado colombiano, "su socio", 10.500 millones de dólares. Entre tanto el Estado colombiano recauda de la venta del 60% (su 40% como socio, más 20% de las Regalías, lo que equivale a 720 millones de barriles) al precio interno que en 1993 era de US$ 6.50 por barril, la suma de 4.700 millones de dólares.

Si se compara lo que Colombia desembolsa al comprarle los 480 millones de barriles (de su propio petróleo) a la multinacional, al precio internacional de US $ 22,oo barril, con lo que recauda al vender esa misma cantidad al precio interno de US $ 6.50 barril, Colombia estaría perdiendo 7.440 millones de dólares. Y mientras la multinacional recauda 10.500 millones de dólares por la venta del 40%, Colombia solo recauda 4.680 millones de dólares por la venta del 60%.

El "complejo de perdedor" lleva recurrentemente al Estado a aumentar el precio interno de los combustibles, lo que repercute despiadadamente en el costo de vida, ya que el alza de combustibles arrastra un alza generalizada de todo lo que se transporta.

Si a esto se suma el aporte que Ecopetrol hace en "Bonos de Guerra", calculado en los últimos años en 500 millones de pesos diarios, ¿será infundada una acusación de "antinacionalista" a la política colombiana de explotación del subsuelo?

Pero aunque el Derecho trate de objetivar la Justicia, estas son dos realidades en permanente contradicción histórica. Y el desarrollo en humanidad está marcado por el rechazo progresivo de normas y reglas injustas.

Agnes Heller, quien escribió uno de los tratados más comprehensivos y profundos sobre la Justicia [6], desarrolló allí el concepto de justicia dinámica.

Institucionalmente los análisis de "justicia" o "injusticia" se reducen a examinar si se aplicaron o no un conjunto de normas y reglas, presupuestas como válidas (Justicia Estática), y entonces la búsqueda de consenso gira alrededor de la "verdad" o "falsedad" de los juicios evaluativos: esto es justo; esto es injusto. Pero si lo que se pone en cuestión son las mismas normas, éstas pueden ser convalidadas por unos e invalidadas por otros. Ya no se trata de descubrir la "verdad" o "falsedad" de un juicio de valor sobre la existencia o no de justicia (examen de legalidad), sino la validez o invalidez de los estándares presupuestos de la Justicia (examen de legitimidad).

Agnes Heller precisa que "si alguien invalida las normas y reglas existentes por injustas y reclama un sistema alternativo de normas y reglas que considera justo, debe argüir por qué es así, y la justicia, como valor, no puede formar parte de la argumentación, porque entonces sería una "petición de principio" (o "círculo vicioso") (...) Hay que recurrir a otro valor". [7]

Al discernir cuáles pueden ser esos valores y criterios desde los cuales se pueden invalidar los estándares presupuestos de la Justicia, Agnes Heller señala que pueden ser: principios o ideas particulares; normas morales; máximas de carácter práctico o valores sustantivos, pero añade que "los criterios últimos son siempre valores sustantivos".

Esos VALORES SUSTANTIVOS Agnes Heller los reduce a dos: VIDA y LIBERTAD.

Aunque hay otros valores universales, que se deducen de las grandes declaraciones de principios y de los grandes sistemas filosóficos, éticos o religiosos, como: la justicia, la igualdad y la racionalidad, en realidad solo los dos primeros (Vida y Libertad) detentan la categoría de valores sustantivos. En efecto: la JUSTICIA solo evalúa si en las normas y en su aplicación se respetan o no la Vida y la Libertad; la IGUALDAD es valor secundario en cuanto supone igualdad en algo: o en libertad o en oportunidades de vida; y la RACIONALIDAD corresponde al proceso argumentativo mediante el cual se convalidan o invalidan los valores sustantivos, o sea, es un valor universal solo formal o procedimental, no sustantivo.

Agnes Heller anota que todas las discusiones valorativas que no han podido ser resueltas en la modernidad, se reducen, en última instancia, a las interpretaciones conflictivas de Vida y Libertad y a los conflictos entre los valores de Vida y Libertad: interpretaciones de la libertad contra la vida o interpretaciones de la vida contra la libertad; discusiones valorativas entre movimientos que optan por desafiar la libertad solo si pueden mejorarse las oportunidades de vida y aquellos que reclaman libertad incluso al precio de empeorar las oportunidades de vida.

Si se quiere ser colombianos, vamos a cumplir la Ley. Esta Ley nació antes del sol y de la luna, cuando había puras tinieblas. Los tradicionales recibieron esa Ley. El gobierno saca una ley que no es la tradicional. La saca para el campesino y para todos, para sacarles la plata, para no trabajar. Nosotros no tenemos que sacar una ley para humillar a la gente. El campesino no sabe lo que hace el Senado. El gobierno humilla con esa ley a la gente. Ese gobierno no es la sociedad. El Derecho es eso, es pecado verdaderamente."

La pretensión de extraer el petróleo de su territorio, con todas las consecuencias previsibles, es visualizada por los u’was sobre el telón de fondo de una historia de despojos progresivos, en la cual LA VIDA fue perdiendo sus fuerzas o riquezas naturales en las cuales se nutría, y la comunidad fue perdiendo LA LIBERTAD FUNDAMENTAL con la cual construía las relaciones con su entorno natural y social. Visualizan también que el Derecho, como conjunto de normas y leyes, otorga a unos libertad para despojar otros de sus bienes, bajo el pretexto de un "progreso" que destruye sus valores tradicionales sustantivos.

La VIDA y la LIBERTAD son valores sustantivos que los u’was visualizan como la LEY PRIMERA. Ley que "rige en el distrito del mundo" y que invalida las "segundas leyes", aquellas elaboradas por los gobiernos para debilitar la Vida y la Libertad de los más débiles, despojándolos de sus recursos, asfixiándolos con impuestos y convirtiéndolos a ellos y sus bienes en mercancías que se negocian.

Por esto, aunque los u’was hayan acudido ante los tribunales del Estado, mediante abogados o mediante la Defensoría del Pueblo, para defender sus derechos dentro de la legalidad vigente, su discurso pone en cuestión la LEGITIMIDAD de toda la estructura jurídica del Estado desde los VALORES SUSTANTIVOS a los cuales debe servir y tiene que estar supeditado un Estado de Derecho: la VIDA y la LIBERTAD de todos y prioritariamente de los más débiles, pues esta es la esencia de la JUSTICIA.

"El tradicional nunca se deja vender. No somos vendibles. No somos negociables. Somos resguardables. Si el Gobierno quiere vender, haga lo suyo y venda lo suyo, pero lo mío no."

En Güicán se reconoce aún el "Peñón de los Muertos" que guarda esta memoria dolorosa e interpelante, arquetipo de resistencia frente al crimen de la conquista y de la dominación colonial.

Pero además los más reconocidos Doctores de la Iglesia, como San Agustín [8] y Santo Tomás de Aquino [9] afirman que puede haber suicidios no solo no pecaminosos sino inspirados por el Espíritu Santo, como el de Sansón (Jue. 16,30) y el de algunas mártires de la primitiva Iglesia que se arrojaron al mar para no poner en alto riesgo su fe y su pudor en medio de la persecución, siendo veneradas desde antiguo por la Iglesia. Esto mismo, con más ejemplos, lo confirma el Papa Benedicto XIV en su extensa obra de 4 volúmenes sobre las Beatificaciones y Canonizaciones, al tratar sobre el Martirio [10], reconociendo como verdaderos mártires a algunos "qui suis sibi manibus mortem intulerunt" (que se causaron la muerte con sus propias manos), "no faltando en estos casos un perseguidor, considerando como éste al que indujo a los mártires a infligirse la muerte" (o.c. pg.98).

Estas fisuras teológicas impiden considerar el suicidio de una manera monolítica y simple como acto ilícito y pecado, e invitan a discernir ocasiones y circunstancias en que el suicidio no solo no significa un rechazo al don de la vida sino que significa más bien el respeto a dimensiones aún más sagradas de la vida misma.

Los sistemas penales no contemplan pena alguna para quien ha intentado suicidarse. Se ha generalizado más bien la costumbre de considerar al suicida como un "enfermo mental" y, como tal, hacerlo objeto de asistencia psiquiátrica. Pero tal valoración desconoce el carácter libre y consciente de muchos suicidios asumidos como actos de resistencia, sin que las presiones y responsabilidades de otros eliminen esa dimensión humana del acto.

Y cuando los suicidas caen en manos de la Psiquiatría, suelen ser víctimas de "terapias" que desconocen radicalmente los dolores del alma, como lo describió magistralmente Karl Gustav Jung:

    " El llamado "neurólogo" necesita con apremio conocimientos psicológicos, si ha de ser efectivamente útil a sus enfermos nerviosos; pues los trastornos nerviosos, y desde luego todo lo que se conoce con el nombre de "nerviosismo", histeria, etc., son de origen anímico, y exigen, como es lógico, tratamiento anímico. El agua fría, la luz, el aire, la electricidad, etc. obran pasajeramente y, en muchos casos, ni aun obran en absoluto. Con frecuencia son indignos artificios, calculados solamente para un efecto sugestivo. Pero donde el enfermo padece es en el alma; y aun en las más complicadas y altas funciones del alma, que apenas se atreve nadie a situar en la esfera de la medicina (...) Quien desee, por lo tanto, conocer el alma humana, no podrá aprender nada, o casi nada, de la sicología experimental. A este tal habría que aconsejarle más bien que se despoje de la toga doctoral, que se despida del gabinete de estudio y que se vaya por el mundo con corazón humano a ver los horrores de los presidios, manicomios y hospitales; a contemplar los sórdidos tugurios, burdeles y garitos; a visitar los salones de la sociedad elegante, las Bolsas, los meetings socialistas, las iglesias, los conventículos de las sectas, para experimentar en su propio cuerpo el amor y el odio, la pasión en todas sus formas; y así volvería cargado con más rica ciencia de la que pueden darle gruesos tomos y podría ser entonces médico de sus enfermos, verdadero conocedor del alma humana". [11]

Las ciencias de la conducta humana nos exigen hoy día re-situar la ética del suicidio dentro de coordenadas mucho más complejas:

    * donde la vida no puede comprenderse en su exclusiva dimensión biológica sino donde ésta es subsumida, en la noosfera, por la dimensión de sentido, y donde, por lo tanto, la viabilidad de la existencia es inseparable de la viabilidad del sentido de ésta;

    * donde muchas dimensiones de la vida individual y colectiva están condicionadas, en gran medida, por estructuras y superestructuras que son reguladas por instituciones, lo que genera hondas responsabilidades en quienes controlan dichas instituciones y a través de ellas las estructuras; instituciones y estructuras por donde pasa, necesariamente, el sentido de la existencia;

    * donde las acciones y decisiones humanas son procesuales y hacen parte de complejos engranajes de estímulos y respuestas en que alternan amor y violencia, racionalidad y emotividad, conciencia y subconciencia, historia y utopía.

El suicidio como acto de resistencia tiene, además, su propia semántica. Ordinariamente es el último acto de un proceso que comienza con una condena moral y una lucha contra determinados anti valores; que se continúa con el asumir consciente de los riesgos que esa lucha implica, riesgos que pueden ser "suicidas" en la medida de la violencia con que tratan de imponerse los anti valores; que cuando éstos sitian de manera contundente la esperanza, llega al acto heroico de demostrar el grado de adhesión a los valores condicionando a ellos la propia vida, ya sea dejando de sustentarla biológicamente (como en la huelga de hambre hasta las últimas consecuencias), ya sea induciendo su destrucción en alguna forma. Este es un acto de autoafirmación humana en la desesperanza, como única posibilidad encontrada de adherirse a valores ya imposibles de sustentar y defender en su existencia histórica, y como opción libre frente a la única alternativa restante de convivir con los anti valores triunfantes.

Todo este proceso implica, además, que la dimensión biológica de la vida va siendo subsumida progresivamente por la dimensión de sentido, dimensión que en el suicidio heroico asume primacía absoluta haciendo que éste no pueda ser leído sino como una última y definitiva condena a los anti valores y como una última y definitiva adhesión a los valores sitiados por la inviabilidad o la desesperanza. Todo esto como una "destilación" definitiva del sentido de la existencia.

REDUNDANCIAS DE LA HISTORIA

En 1855 el Presidente los Estados Unidos de América, Franklin Pierce, le propuso a la etnia Duwamish, que habitaba el hoy Estado de Washington, en el noroccidente, que vendiesen sus tierras a colonos blancos y que les darían en cambio una reserva. Entonces Seattle, el Gran Cacique de los Duwamish, respondió así:

    "El Gran Jefe de Washington nos envió un mensaje diciendo que deseaba comprar nuestra Tierra. El Gran Jefe también nos envió palabras de amistad y de buena voluntad. Es una señal amistosa de su parte, pues sabemos que él no necesita nuestra amistad. Pero vamos a considerar su oferta, porque sabemos que si no se la vendemos, quizás el hombre blanco venga con sus armas y se apodere de nuestra Tierra.

    ¿Quién puede comprar o vender el Cielo o el calor de la Tierra? No podemos imaginar esto si nosotros no somos dueños del frescor del aire ni del brillo del agua. ¿Cómo él podría comprárnosla? Trataremos de tomar una decisión.

    Según lo que el Gran Jefe Seattle diga, el Gran Jefe de Washington puede dejarlo, del mismo modo que nuestro hermano blanco en el transcurso de las estaciones puede dejarlo.

    Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen. Cada parte de esta Tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante aguja de un abeto, cada playa de arena, cada niebla en el bosque oscuro, cada claro del bosque, cada insecto que zumba es sagrado para el pensar y el sentir de mi pueblo. La savia que sube por los árboles, trae el recuerdo del Piel Roja.

    Los muertos de los blancos olvidan la Tierra en que nacieron, cuando desaparecen para vagar por las estrellas. Nuestros muertos nunca olvidan esta maravillosa Tierra, pues es la Madre del Piel Roja. Nosotros somos una parte de la Tierra, y ella es una parte de nosotros. Las olorosas flores son nuestras hermanas, el ciervo, el caballo, la gran águila, son nuestros hermanos. Las rocosas alturas, las suaves praderas, el cuerpo ardoroso del potro y del hombre, todos pertenecen a la misma familia.

    Por eso cuando el Gran Jefe de Washington nos envió el recado de que quería comprar nuestra Tierra, exigía demasiado de nosotros. El Gran Jefe nos comunicaba que quería darnos un lugar donde pudiéramos vivir cómodamente. El sería nuestro padre y nosotros seríamos sus hijos. Pero ¿Será posible esto alguna vez? Dios ama a vuestro pueblo y ha abandonado a sus hijos rojos. El ha enviado máquinas para ayudar al hombre blanco en su trabajo y construye para él grandes pueblos. El hace que vuestra gente sea cada vez más poderosa, día tras día. Pronto invadiréis la Tierra, como ríos que desbordan desde las gargantas montañosas, por una inesperada lluvia.

    Mi pueblo es como una corriente desbordada pero sin retorno. No, nosotros somos de razas diferentes. Nuestros hijos no juegan juntos y nuestros ancianos no cuentan las mismas historias. Dios os es favorable y nosotros estamos como huérfanos.

    Meditaremos sobre vuestra oferta de comprarnos la Tierra. No será fácil, porque esta Tierra es sagrada para nosotros. Nos sentimos alegres en este bosque. No sé por qué, pero nuestra forma de vivir es difrente de la vuestra.

    El agua cristalina que brilla en arroyos y ríos no es solo agua sino la sangre de nuestros antepasados. Si os vendemos nuestra Tierra, habéis de saber que es sagrada, y que vuestros hijos aprendan que es sagrada, y que todos los pasajeros reflejos en las claras aguas son los acontecimientos y tradiciones que refiere mi pueblo. El murmullo del agua es la voz de mis antepasados. Los ríos son nuestros hermanos, ellos apagan nuestra sed. Los ríos llevan nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos.

    Si vendiéramos nuestra Tierra tenéis que acordaros y enseñar a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos -y los vuestros-, y que tendréis desde ahora que dar vuestros bienes a los ríos, así como a otros de vuestros hermanos.

    El Piel Roja siempre se ha apartado del exigente hombre blanco, igual que la niebla matinal en los montes cede ante el sol naciente. Pero las cenizas de nuestros antepasados, sus tumbas, son tierra santa, y por eso estas colinas, estos árboles, esta parte de la Tierra, nos es sagrada.

    Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de pensar. Para él una parte de la Tierra es igual a otra, pues él es un extraño que llega de noche y se apodera en la Tierra de lo que necesita. La Tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando la ha conquistado, cabalga de nuevo. Abandona la tumba de sus antepasados y no le importa. Roba la tierra de sus hijos y no le importa. Olvida las tumbas de sus padres y los derechos de nacimiento de sus hijos. Trata a su madre, la Tierra, y a su hermano, el Cielo, como cosas que se pueden comprar y arrebatar, y que se pueden vender como ovejas o como perlas brillantes. Hambriento, se tragará la tierra y no dejará nada, solo un desierto.

    No sé, pero nuestra forma de ser es diferente de la vuestra.

    La vista de vuestras ciudades hace daño a los ojos del Piel Roja. Quizá porque el Piel Roja es un salvaje y no comprende. No hay silencio alguno en las ciudades de los blancos, no hay ningún lugar donde se pueda oír crecer las hojas en primavera y el zumbido de los insectos. Pero quizá es porque yo soy un salvaje, y no entiendo nada. La charlatanería solo daña a nuestros oídos. ¿Qué es la vida si no se puede oír el grito solitario del pájaro chotacabras o el croar de las ranas en el lago al anochecer? Yo soy un Piel Roja y no entiendo esto.

    El indio puede sentir el suave susurro del viento que sopla sobre la superficie del lago, y el soplo del viento limpio por la lluvia matinal, o cargado de la fragancia de los pinos. El aire es de gran valor para el Piel Roja, pues todas las cosas participan del mismo aliento. El hombre blanco parece no considerar el aire que respira; a semejanza de un hombre que está muerto desde hace varios días y está embotado contra el hedor.

    Pero si os vendemos nuestra Tierra no olvidéis que tenemos el aire en gran valor; que el aire comparte su espíritu con la vida entera. El viento dió a nuestros padres el primer aliento y recibe el último hálito. Y el viento también insuflará a nuestros hijos la vida. Y si os vendiéramos nuestra Tierra, tendríais que cuidarla como un tesoro, como un lugar donde también el hombre blanco sepa que el viento sopla suavemente sobra las flores de la pradera.

    Yo soy un salvaje y es así como entiendo las cosas. He visto mil bisontes putrefactos, abandonados por el hombre blanco. Los mataron desde un convoy que pasaba. Yo soy un salvaje y no puedo comprender cómo el caballo de hierro que echa humo, es más poderoso que el búfalo, al que solo matamos para conservar la vida. ¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales desaparecieran, el hombre también moriría, por la gran soledad de su espíritu. Lo que les sucede a los animales, luego, también les sucede a los hombres. Todas las cosas están estrechamente unidas.

    Lo que le acaece a la Tierra también le acaece a los hijos de la Tierra. Tenéis que enseñar a vuestros hijos que el suelo que está bajo sus pies tiene las cenizas de nuestros antepasados. Para que respeten la Tierra, contadles que la Tierra contiene las almas de nuestros antepasados. Enseñad a vuestros hijos lo que nosotros enseñamos a los nuestros: que la Tierra es nuestra Madre.

    Lo que le acaece a la Tierra, le acaece también a los hijos de la Tierra. Cuando los hombres escupen la Tierra, se están escupiendo a sí mismos. Pues nosotros sabemos que la Tierra no pertenece a los hombres, que el hombre pertenece a la Tierra. Eso lo sabemos muy bien. Todo está unido entre sí, como la sangre que une a una misma familia. Todo está unido.

    Lo que le acaece a la Tierra, les acaece también a los hijos de la Tierra.

    El hombre no creó el tejido de la vida, solo es una hilacha. Lo que hagáis a este tejido os lo hacéis a vosotros mismos. No, el día y la noche no pueden vivir juntos.

    Nuestros muertos siguen viviendo en los dulces ríos de la Tierra y regresan de nuevo con el suave paso de la primavera, y su alma va con el viento que sopla rizando la superficie del lago.

    Consideraremos la posibilidad de que el hombre blanco nos compre nuestra Tierra. Pero mi pueblo pregunta: ¿qué es lo que quiere el hombre blanco? ¿cómo puede comprar el Cielo o el calor de la Tierra o la velocidad del antílope? ¿cómo vamos a venderos esas cosas y cómo vais a poder comprarlas? ¿Es que acaso podréis hacer con la Tierra lo que queráis, solo porque un Piel Roja firme un pedazo de papel y se lo dé al hombre blanco? Si nosotros no poseemos el frescor del aire, ni el brillo del agua, ¿cómo vais a poder comprárnoslo? ¿Es que acaso podéis comprar los búfalos cuando ya habeis matado al último?

    Consideraremos vuestra oferta. Sabemos que si no os la vendemos, vendrá el hombre blanco y se apoderará de nuestra Tierra. Pero nosotros somos unos salvajes. El hombre blanco que va en pos de la posesión del poder, ya se cree que es Dios, al que le pertenece la Tierra. ¿Cómo puede un hombre apoderarse de su madre?

    Consideraremos vuestra oferta de comprar nuestra Tierra. El día y la noche no pueden vivir juntos. Consideraremos vuestra oferta de que vayamos a una reserva. Queremos vivir aparte y en paz. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días. Nuestros hijos verán a sus padres sumisos y vencidos. Nuestros guerreros estarán avergonzados. Después de la derrota pasarán sus días en la holganza, y envenenarán sus cuerpos con dulces comidas y fuertes bebidas. No importa dónde pasemos el resto de nuestros días. No quedan ya muchos. Solo algunas horas, un par de inviernos, y no quedará ningún hijo de la estirpe que en otros tiempos vivió en esta Tierra, y que ahora en pequeños grupos viven dispersos por el bosque, para gemir sobre las tumbas de su pueblo, que en otro tiempo fue tan poderoso y lleno de esperanza como el vuestro.

    Pero ¿por qué consternarse por la desaparición de un pueblo? Los pueblos están constituidos por hombres. Es así. Los hombres aparecen y desaparecen como las olas del mar. Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios camina a su lado y habla con él, como el amigo con el amigo, puede librarse del común destino. Quizá seamos hermanos. Espero verlo.

    Solo sabemos una cosa -que quizá un día el hombre blanco también descubra-y es que nuestro Dios es el mismo Dios suyo. Vosotros quizá penséis que lo poseéis, igual que tratáis de poseer nuestra Tierra, pero no podéis. Es el Dios de todos los hombres, lo mismo de los Pieles Rojas que de los blancos. Aprecia mucho esta Tierra y el que atente contra ella significa que desprecia a su Creador. También los blancos desaparecerán, y quizá antes que otras estirpes.

    Continuad caminando vuestro lecho y una noche moriréis en vuestra propia caída. Pero al desaparecer brillaréis por el fuego del poderoso Dios, que os trajo a esta Tierra y que os destinó a dominar al Piel Roja en esta Tierra. Este destino es para nosotros un enigma. Cuando todos los búfalos hayan muerto, los caballos salvajes hayan sido domados y el rincón más secreto del bosque haya sido invadido por el ruido de muchos hombres, y la visión de las colinas esté manchada por alambres parlantes; cuando desaparezca la espesura, y el águila se haya ido, esto significará decir adiós al veloz potro y a la caza. El final de la vida y el comienzo de la otra vida.

    Dios os concedió el dominio sobre los animales, los bosques y los Pieles Rojas por un determinado motivo. Y ese motivo es un enigma para nosotros. Quizá podríamos comprenderlo si supiésemos qué es lo que sueña el hombre blanco; qué ideales les ofrece a los hijos en las largas noches invernales y qué visiones arden en su imaginación, hacia las que tienden el día de mañana. Pero nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco nos están ocultos, y porque nos están ocultos nosotros vamos a seguir nuestro propio camino. Pues, ante todo, nosotros estimamos el derecho que tiene cada se humano a vivir tal como desea, aunque sea de modo muy diverso al de sus hermanos. No es mucho lo que nos une.

    Consideraremos vuestra oferta. Si aceptamos es solo por asegurarnos la reserva que habéis prometido. Quizá allí podamos acabar los pocos días que nos quedan, viviendo a vuestra manera.

    Cuando el último Piel Roja de esta Tierra desaparezca, y su recuerdo sea solamente la sombra de una nube sobre la pradera, todavía estará vivo el espíritu de mis antepasados en estas orillas y estos bosques. Pues ellos amaban esta Tierra, como ama el recién nacido el corazón de su madre.

    Si os llegáramos a vender nuestra Tierra, amadla, como nosotros la hemos amado. Cuidad de ella, como nosotros la cuidamos, y conservad el recuerdo de esta Tierra, tal como os la entregamos. Y con todas vuestras fuerzas, vuestro espíritu y vuestro corazón, conservadla para vuestros hijos, y amadla, tal como Dios nos ama a todos. Pues hay algo que sabemos: que Dios es el mismo Dios. Esta Tierra es sagrada para El. Ni siquiera el hombre blanco se puede librar del destino común.

Quizá somos hermanos. Esperamos verlo."

Javier Giraldo M., S. J.
Noviembre 1997


[1PERRY RUBIO, Guillermo, "Política petrolera: economía y medio ambiente", Fescol/Cerec, Bogotá, 1992, pag. 125-132.

[2PANOFSKY Erwin, "Architecture gothique et pensée scolastique", les Editions de Minuit, Paris, 1967.

[3LYOTARD Jean François, "La condición posmoderna", Rei, México, 1990, pg. 16.

[4PIAGET Jean, "Sabiduría e ilusiones de la Filosofía", Península, Barcelona, 1970, pg. 115.

[5GUZMAN CELIS Gilberto, "Cusiana o la bonanza al revés", Promover Editores, Bogotá, 1994.

[6HELLER Agnes, "Más allá de la Justicia", Crítica, Barcelona, 1990.

[7Heller, A., o.c. pg. 153

[8San Agustín, "La Ciudad de Dios", Libro I, capítulos 20, 21 y 26.

[9Santo Tomás de Aquino, "Suma Teológica", II-IIae, Q. 64, a.5, ad 4m.)

[10Benedictus XIV, "De Servorum Dei Beatificatione et de Beatorum Canonizatione", in Opera Omnia in tomos XVII distributa, Prati, Typographia Aldina, MDCCCXXXX, Tomus tertius, pg. 98-102.

[11JUNG, Karl Gustav, "Lo Inconsciente", Losada, Buenos Aires, 1938, pg. 14-15.

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