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Evocación de Aldemar Rodríguez Carvajal

Martes 23 de noviembre de 2004, por Javier Giraldo M. , S.J.

Evocación de Aldemar Rodríguez Carvajal

Era la semana de Pascua. Desde el Domingo de Resurrección los pobladores del corregimiento La Dolores (jurisdicción de Palmira, Valle), habían visto flotar un cadáver en las aguas del río Cauca, pero no se atrevían a sacarlo. Como esos hallazgos eran frecuentes, la experiencia les decía que "eso traía problemas". Los periódicos de Cali emitieron, sin embargo, la información y eso puso sobre pistas definitivas al padre de Aldemar, quien había venido desde Neiva en búsqueda de su hijo, y a los religiosos Basilianos en cuya parroquia Aldemar trabajaba como catequista.
El miércoles de Pascua los diestros trabajadores de una funeraria de Buga, luego de calcular las velocidades de corriente del río, rescataron el cadáver cerca de Riofrío. Su cabeza, a pesar de estar presionada entre capas de plástico, estaba casi deshecha, pero podían observarse gruesas franjas de cinta pegante que rodeaban su boca. Varias cortadas y punzaciones en el cuerpo, así como un cable que le rodeaba el cuello, daban cuenta de las torturas a que había sido sometido. El médico legista dictaminó "muerte por asfixia".
Ocho días antes -el Miércoles Santo- Aldemar fue temprano a trotar como era su costumbre. Luego salió de prisa para una reunión. Nunca más se le volvió a ver. Al día siguiente en varios sectores de Cali había alarma y angustia, pues varias personas no aparecían. El jueves en la noche fueron hallados cuatro cadáveres en la morgue, traídos de El Hormiguero, corregimiento situado al suroccidente de Cali, en la vía hacia Jamundí. Eran cuatro jóvenes que habían desaparecido el miércoles mientras asistían a una reunión en el Parque de la Salud, zona del río Pance, en el extremo suroccidental de Cali. Todo daba a entender que Aldemar había estado también en esa reunión.
En los días posteriores, diversas organizaciones de Cali denunciaban la desaparición y muerte de que fueron víctimas algunos de sus dirigentes. En efecto, los jóvenes desaparecidos en la zona del Pance eran seis y cada uno de ellos militaba en organizaciones de masas: el movimiento cívico del Distrito de Aguablanca; el movimiento estudiantil; el movimiento de las negritudes; el movimiento de mujeres; los grupos cristianos de base y la Campaña de los 500 años. Pero todo da a entender, también, que alguna militancia o simpatía política los ligaba entre sí, militancia o simpatía que ellos guardaban "en reserva" dadas sus características: eran, al parecer, militantes o cercanos colaboradores de la Corriente de Renovación Socialista, agrupación que se había desmembrado del Ejército de Liberación Nacional, buscando un ejercicio amplio de la política, y que había ya iniciado diálogos con el gobierno.

Aldemar apenas entraba a sus 20 años de vida. Había nacido en Pitalito (Huila) el 24 de enero de 1972. Pero a pesar de su corta edad había vivido intensamente una búsqueda de compromisos cada vez más radicales por la justicia.
Su corta vida estuvo profundamente marcada por lo religioso. La búsqueda de Dios aparece como el eje que define todas sus rutas. Pero ese Dios que le interpela y que le hace renunciar a toda opción egoísta de seguridades personales, lo conduce prioritariamente hacia un compromiso con el pobre y con la búsqueda de un cambio radical de la sociedad.
Unas notas encontradas entre sus objetos personales, tomadas durante el retiro vocacional realizado en agosto de 1990, describen retrospectivamente su camino hasta entonces:
“1985, tiempo de cuaresma... la Parroquia preparaba un grupo de teatro para que trabajáramos intensamente para los días posteriores. Fue así como nació la primera idea de ir seguido a la casa cural...
...en ningún momento había interés por eso (religioso) por varias razones que hasta esa fecha tenia: -quienes entraban a un seminario era por ser ricos-; no me gustaba rezar a toda hora; -detestaba a las religiosas-; porque para ser sacerdote tenía que ser santo y no lo era... Luego conozco a un franciscano que ayudó mucho en mi... se limitaba a ayudarme a la formación como individuo. Para esa época tenia 13 años...
Llega la época de ser acólito, de la sotana, etc. Pero también por el servicio que se cumplía al rededor de eso nace un interés complementario, es el de trabajar con la gente en los grupos de trabajo, y cada vez me iba sintiendo satisfecho y alegre por lo que hacía. Ya se iba volviendo una obsesión ser sacerdote...
Y así iba siendo más consciente de lo que quería, aunque era mínimo: una de las formas para servirle a la gente era ser religioso; religioso con un sentimiento más humano, sensible, más práctico...
Llega la confrontación con lo que es la opción franciscana y lo que uno quería ser hasta que conoció ese modelo de ser persona... Todo esto va siendo objeto de aclaración en el camino, y por eso; "caminante, se hace camino al andar". Ese camino va ayudándome a descubrir el trabajo popular como parte de la vocación, como parte del Reino en la tierra...
Estos cinco años se han ido buscando qué es lo que se quiere... La situación que actualmente estoy viviendo; trabajo, acompañamiento, vida, fraternidad, oración comunitaria, servicio”.
Aquel adolescente, entre sus 13 y sus 16 años vive intensamente la vida de la Parroquia ubicada en una zona popular de Neiva y orientada por religiosos de profunda sensibilidad social.
Sus agendas, entre 1986 y 1988, nos reflejan de algún modo lo que Aldemar vive, lo que hace, lo que busca, lo que ama. Aquellas páginas combinan numerosas citas y esquemas de reuniones en las cuales participa, con textos de poesías, canciones, consignas, resúmenes de lecturas, de talleres, de conferencias, etc. De vez en cuando, algunas reflexiones personales nos van revelando con mayor transparencia sus estados anímicos y sus búsquedas más profundas.

Impresiona comprobar, leyendo esas páginas misceláneas, que la dimensión de fe y el compromiso político se entrelazaron tan profundamente en su vida, que no era posible separarlos ni casi distinguirlos. Eran un tejido único formado por hilos multicolores, donde todo intento de separar los hilos de un color llevaría a destrozar de tal manera el tejido, que perdería toda su textura.

Atrapado para participar en un grupo de teatro que debía preparar dramatizaciones para la Semana Santa, Aldemar ve abrirse ante sí un mundo que le subyuga, donde la pasión de Cristo y la pasión del hombre marginado son expresiones de un mismo misterio desafiante, donde se conjugan el pasado y el presente, la historia y la trascendencia. Es aún casi un niño, pero desde entonces comienza a buscar cómo madurar en una fe que potencie su compromiso y en un compromiso que materialice la radicalidad con que quiere vivir su fe.

Entre 1986 y 1988 sus agendas registran infinidad de reuniones de la Infancia Misionera, pues él es líder de este movimiento a nivel diocesano. Marca citas en la catedral; recepciones de nuevos miembros; esquemas de reuniones; evaluaciones; planeaciones; conferencias, etc. El 7 de marzo de 1987 su agenda marca una convivencia para consagrar la Infancia Misionera en el municipio de Campoalegre (Huila). Allí anota el pequeño esquema con que explicará el sentido de esa consagración:
“Celebración: envío de una misión.
¿Qué persona? Jesús, a través de la Iglesia para misión de catequizar todo cristiano, de anunciar la nueva o buena noticia: la Muerte y la Resurrección, lo que se llama Pascua.
Es para que exista el Reino: es un ir hacia el Padre, que empieza desde la realidad”.
Ese "empezar desde la realidad" lo tomó muy en serio. Al mismo tiempo que coordina la Infancia Misionera, se desplaza a los barrios marginados para empaparse de la realidad del pobre. Muchas páginas de sus cuadernos y agendas las llena con síntesis históricas de Zona Verde y de otros barrios marginados y con inventarios de sus problemas.

Sigue participando en el grupo de teatro Tupac (Teatro Unido para la Acción Cristiana). Ayuda a desarrollar un movimiento cívico de los barrios populares. Busca capacitarse en técnicas de comunicación popular (en sus agendas resume conferencias y talleres sobre cómo hacer graffiti y otras técnicas). Participa en el Comité de Comunicación Popular, CCP. Al mismo tiempo hace parte de la Coordinadora de Solidaridad y Lucha Popular, cuyas reuniones son abundantes, pues la sigla CSLP se multiplica profusamente en sus calendarios.

Pero Aldemar para esa época es un estudiante de bachillerato y busca también cómo comprometerse en el movimiento estudiantil. El FER-SP (Frente Estudiantil Revolucionario Sin Permiso) copa otra parte de su tiempo y le franquea desde muy temprano el acceso a la militancia política, pues el FER se integra luego al movimiento político A Luchar.

Aldemar comienza a esbozar en sus libretas esquemas de teoría revolucionaria. Resume lecturas y conferencias y va registrando ideas y términos que le inquietan, que le iluminan o que debe estudiar mejor. Pero, sobre todo, puede percibirse en sus notas el impacto que causan en su vida ciertos personajes que le van subyugando por su testimonio: Francisco de Asís; el Che Guevara, Camilo Torres, Álvaro Ulcué. Podría decirse que ellos van moldeando su corazón, revolucionario y creyente, que late al ritmo de frases y consignas de estos testigos que él va copiando en sus agendas, alternándolas con poesías de Neruda y Benedetti y con canciones de Serrat y de otros cantores inquietantes.

La dura realidad que él percibe y vive en los barrios marginados, le lleva a preguntarse un día (en un proyecto de carta para una amiga):
“¿Sabes una cosa? ¿Qué? ¿Por qué será que todo lo que funciona, todo el estudio y toda la técnica maestra, no es para nosotros los oprimidos, los explotados, la mayoría de los necesitados, sino para unos pocos, los ansiosos, los egoístas, por qué será? ¿Sabes una cosa? Pues bien, ya lo sabemos. El Señor no quiere esto, la opresión, la explotación, la miseria, sino que todos nos queramos como hermanos...” (Enero 15/87)

En el año 1987 Aldemar vive muy cerca de Nevardo Fernández, quien fue desaparecido, torturado y asesinado el 22 de octubre de ese año. En la agenda de Aldemar se lee por esos días: "Nevardo, sabes que el pueblo, nosotros, tus amigos, te abandonamos, te dejamos solo, como cuando los discipu...". Esta frase no terminada revela un cierto remordimiento nostálgico que se convirtió en decisión de seguimiento.
Luego de la muerte de Nevardo, aparecen en sus agendas letras de canciones que Nevardo compuso, acompañadas de comentarios como este: "Nevardo: La canción que hiciste para navidad, hoy hace un año la cantabas con tu propia voz para Jesús, ese niño pobre que nació en Belén... Hoy más que nunca te seguiremos recordando y seguiremos tu lucha".
Ya en este año sus inquietudes vocacionales parecen canalizarse más hacia una vida laical, dentro de la espiritualidad franciscana, aunque no abandona todavía las perspectivas de ser algún día religioso. El 4 de junio de 1989 parece que hace su último esfuerzo para definir su vocación como religioso. Antes de conversar con el Provincial de los franciscanos, escribe esta oración:
“Señor Jesús, ayúdame a seguirte y a que me dejen seguirte. Hoy estoy pensando hasta dónde es que Tú me sigues llamando para trabajar por tu camino y a trabajar por todos mis hermanos, los jodidos, los presos, emboladores, por el obrero, el estudiante, el campesino. Y Tú me has dado el camino de trabajar con los Hermanos Menores y que voy a pedir entrada para seguir teniendo una formación y para seguirte. Hoy te pido Señor que me des fuerza para pronunciar y decir. Hay posibilidades de que me den entrada. Señor, ayúdame a seguirte.”
Pero ya desde enero del 1987 Aldemar asiste a la primera asamblea del Movimiento Laico Franciscano y todo muestra que el compromiso laical se va afirmando cada vez más en él. Asiste a otra asamblea del Movimiento en 1988 en Popayán; a la de 1989 no asiste pero a finales de ese año o en 1990 redacta una propuesta sobre criterios y etapas para organizar el Movimiento. El primer criterio que señala es "tener por lo menos como perspectiva de cada uno la opción preferencial por nuestros hermanos pobres". En esa propuesta Aldemar quiere concretar lo que ha venido buscando: "Una vida colectiva de oración, estudio y trabajo seglar, o sea como laicos... Partiendo de que la mayoría de los hermanos tienen un conocimiento de Francisco y que sus expectativas son a conocerlo y a vivirlo, se pueden mirar las condiciones de cada lugar para: formar pequeñas fraternidades donde se empiece a vivir el Evangelio de una forma laical, o sea, quienes han optado o quieren optar por esa forma de vida".

No hay duda de que Aldemar vivió subyugado por el testimonio del Poverello de Asís, pero la vida y el carisma de Francisco los leyó también en su contexto. Una nota intermitente de una de sus agendas nos abre la ventana a esa lectura que hacía:
“El reparar mi Iglesia = Fco. materialmente = La realidad de Neiva.- La Iglesia es toda mi gente. Ayudar a la gente, a la organización, el pueblo se quedó atrás, - empobrecidos-, poderosos ¡Signo! Proyecto formación!.
A finales de 1988 Aldemar pasa a vivir otra etapa de su vida. En Neiva ha comenzado a sufrir hostigamientos y tiene que abandonar esa ciudad. Se traslada a Cali donde inicia la última y corta etapa de su vida que dura tres años y algunos meses.
La persecución, en lugar de alejarlo de todo compromiso, lo radicaliza. Aldemar entra de lleno en la militancia política pero sigue aferrado, más que nunca, a su fe. Vive experiencias duras para un joven de su edad. Su trabajo político tiene que ser ya discreto, en gran parte clandestino. Tiene que enfrentarse a la evaluación implacable de otros militantes mucho mayores que él, donde predomina una racionalidad más fría y donde se dan, y donde afloran, en ciertos momentos, conflictos característicos de la lucha por el poder. No está ya rodeado de amigos con quienes pueda compartir momentos de oración, sueños y celebraciones, como la hacía en Neiva.

Vive al comienzo donde una tía suya, pero luego pasa a habitar en apartamentos de compañeros de trabajo militante, donde ciertas dimensiones de su espíritu tienen que enfrentar una dura soledad. Hay momentos en que la penuria económica lo desespera y así lo consigna en sus agendas. Al salir de Neiva interrumpió sus estudios de bachillerato y optó por una autoeducación. Esto no dejó de causarle, sin embargo, ciertas inseguridades.

Todo este desarraigo e inseguridad, que responde a una opción generosa de no buscarse a sí mismo, sino de entregarse radicalmente a una lucha que de algún modo materialice la búsqueda de liberación de los oprimidos, no deja de hacerle sentir con fuerza sus efectos, en ciertos momentos. Así lo da a entender en una nota de febrero de 1990:
“A nivel personal no voy teniendo como algo concreto, porque en el momento que salga de aquí no tengo nada que hacer. No llegaré a tener ninguna cosa concreta. De todas (formas) es bueno irme preparando para lo que pueda venir. Tratar de racionalizar primero para luego juzgar, porque de otra forma no puedo aprender ni aportar.”
En una de sus agendas consigna una larga descripción reflexiva de un conflicto que vive en una de las estructuras que enmarcan su militancia política y que revela sus sufrimientos interiores:
“Cuando ya no esperaba más que siguiera la crisis personal; cuando creía que ya estaba superando algunos vacíos, y desde luego me encontraba en un punto difícil, llegó la evaluación sobre la vida colectiva, teniendo en cuenta que estaba cuestionado por varias cosas...
Por falta de experiencia en el juego político cometí errores que ahora son mirados mal por todo el mundo...
La mayor parte de la gente se había radicalizado por el comportamiento de (xx), pero esa radicalización era en lo teórico -discusión interna- porque los hechos prácticos eran otros...
Estaba muy mal. Me encontraba en la soledad igual de tenaz que mantenía desde hace año y medio. Sin embargo, quería hacer un esfuerzo más para superar ese vacío, esa etapa, sin haber logrado nada con la superación de esta crisis, viene ya como en serio una supuesta "propuesta" de irme para otro lado...
Escribo una carta a (y), la leo en (g) y todo en silencio, sólo se escucharon preguntas, pero de ningún lado salió voz de aliento, de apoyo. Eso, como otras cosas, me acabaron de destruir moralmente. Me encontraba supermal, agotado...
Luego... cae el tarrado de agua fría, una carta de (pp) en respuesta de la carta enviada... Nuevamente se sintió el silencio acostumbrado... Fue otro dolor intenso. Sin embargo, logré descubrir lo que había debajo de la manga un buen tiempo, ..ya no es misterio que detrás de este juego habían varias fichas escondidas. (...) Aunque es duro vendrán nuevos tiempos y esos tiempos serán mejores”.
Una de las actividades de Aldemar en Cali es la solidaridad con los presos políticos. En un día de su agenda aparece una extraña lista de productos que debe comprar, que incluye una nevera de icopor, electrodos, sábanas, espumas, etc. Esto se esclarece cuando encontramos entre sus papeles una carta venida de la cárcel donde le agradecen el envío de todo esto y le dicen:
“Son estos gestos los que impulsan y agrandan nuestra resistencia en las mazmorras del régimen: es la práctica de estos valores revolucionarios lo que nos inscribe en la gestación del hombre nuevo, el cual, como bien sabemos, hay que crearlo, hacerlo palmo a palmo, gota a gota, ¡desde ahora, sin darnos tiempo de reposo! Precisamente creo que es un humanismo socialista bien distinto al actual hombre cotidiano... egoísta e individual frente al dolor humano... Creo en el ser nuevo que en aguda lucha contra su otro yo, despliegue su capacidad de amar al prójimo.”
En su último año, Aldemar busca concretar un campo de apostolado y lo encuentra en la Parroquia de la Asunción. Los Padres Basilianos lo acogen allí como catequista y encuentran en él un valioso colaborador y un excelente amigo. Prepara diligentemente la catequesis de confirmación y se hace querer enormemente de los niños y jóvenes que se preparan a dar ese paso en la madurez de su fe.

Desde 1991 Aldemar buscaba también su sueño de realizar una Fraternidad Laical. El 14 de febrero de 1992, con tres compañeras que se encuentran en la misma búsqueda, inauguran la Fraternidad. Los criterios que les sirven de base son estos: poner los bienes en común; vivir un compromiso pastoral en una parroquia; aportar para los gastos comunes: arriendo, alimentación, etc.; hacer reflexión comunitaria una vez por semana; hacer oración en común los fines de semana.

Aldemar se siente feliz de haber realizado su sueño. Se preocupa por llevarlo adelante y porque la experiencia no se diluya en rutina sino que tenga vida espiritual. El Señor lo preparaba así para la prueba suprema.

La muerte violenta y cruel, como supremo testimonio y precio de los valores que dieron sentido a su vida, no sorprendió seguramente, a Aldemar. Los testigos sobre los cuales él había construido su mundo de valores; las numerosas frases que de ellos seleccionó como guías y que transcribió en sus agendas; el ejemplo de amigos cercanos como Nevardo; las reflexiones, análisis y poemas que fueron expresando en sus análisis el desarrollo de su conciencia y de sus opciones militantes; todo lo llevaba a presupuestar la muerte violenta como posibilidad no remota. Francisco de Asís había hablado de la "Hermana Muerte" y había bendecido a Dios por ella; el Che Guevara le dio la bienvenida anticipada "en cualquier lugar donde..."; Camilo Torres había dicho de su compromiso: "es una lucha en la que hay que comprometer la vida misma"; Álvaro Ulcué también había dicho: "el cuerpo lo pueden acabar los hombres, pero el espíritu seguirá luchando presente en la comunidad". Leyendo el Evangelio (Mt. 10,24), en un día de enero de 1990, Aldemar había escrito este comentario: "identificarse con Jesús y con el proyecto de vida, significa jugarse la vida entera por el Reino".

El 29 de mayo del 1990 Aldemar escribe una carta a una amiga donde le dice:
“Tenemos que estar dispuestos a recibir la muerte y bienvenida sea. Porque quien lucha por la vida, el amor, la justicia del mendigo, del niño, estará siempre en la mirada del proyectil asesino (...).
Esperamos la muerte que por lo general llega de las manos de un sistema corrupto (...).
Últimamente he pensado bastante sobre el trabajo, sobre mi responsabilidad. Y me asusto, oíste?. Muchas ocasiones siento miedo, miedo de no poder responder como debe ser y no poder saber conducir los diferentes espacios de agudización que se van a presentar. Y también miedo de morir sin haber hecho todavía nada. Sin poder dejar una escuela, un jardín que vaya desarrollando todo este gran banquete que falta por servir. De todas maneras quiero irme preparando para cuando llegue el momento inesperado. Ese momento en que dormiré profundo pero convencido de que Jesús trabajó por construir también una patria mejor. Aunque es doloroso hablar de ello, pero es mejor ser consciente; por eso es bueno seguir volando en esta oscuridad hasta poder encontrar el sol. Siempre habrá que decir: Bienvenida (aunque duela, aunque no quiera) como se le dice a alguien cuando llega a su casa con alegría y con tristeza se va.
La vida nunca será indefensa mientras podamos gritar: ¡basta ya! ¡No más! Hasta aquí... Y nos levantemos gritando, haciendo...
Bueno, hasta que el sol aclare, salga a nuestros ojos. Hasta pronto”.
El jueves 23 de abril, en la Iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en Cali, el Padre Francisco Antonio Amico, de la Congregación de San Basilio, despedía los restos de Aldemar con estas palabras, eco espontáneo del corazón de quienes lo conocimos y apreciamos: "Aldemar, hermano, ¡te agradecemos todos los aquí presentes y te saludamos! Gracias porque has sido testigo con tu vida. ¡Gracias por tu vida entregada!".

Javier Giraldo M., S. J.
Bogotá, julio 1992

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